Son las 13:45 de un jueves cualquiera. Quince minutos antes del entrenamiento, un grupo de niños de la escuela de fútbol de San Vicente (Manabí), llega al cementerio de la localidad para visitar la tumba de Carlitos Cedeño Véliz y contarle las cosas que pasaron en la jornada anterior.
José Rafael Bone, era su compañero en el medio campo de la selección de San Vicente. Eleva una plegaria al cielo y le pide a su amigo lo ayude a desenvolverse mejor; luego sale en veloz carrera, porque el entrenamiento está por empezar.



