( por Fernando Flores Gallardo )

La historia de Carlos Alberto Juárez en EMELEC tiene todos los elementos para escribir el guión de una pelí­cula, el problema que surge con aquel guión es que todaví­a no hay un final, porque pese a sus treinta y cinco años el “cuqui” sigue añadiendo más páginas al mismo.

Su llegada a EMELEC en el año 1996 no fue bien recibida, lento y grandote fueron los primeros calificativos que recibió. Sin embargo él sabí­a que podí­a triunfar y a punta de goles empezó a forjar su calidad de í­dolo de la hinchada azul.

Idolatrí­a que se selló aquel 23 de Diciembre del 2001 cuando con un frentazo, su sello de calidad, dio el gol del campeonato a EMELEC, la novena corona de nuestra historia lo tení­a a él como goleador del campeonato, y es que después de crear goleadores (Graziani, Kaviedes y Kennig) le tocaba serlo a él pero con el agregado de ser campeón.

Un año más tarde sumarí­a su segunda corona y la décima de la historia de EMELEC, que quedó marcada por aquella leyenda que enseñó en su camiseta luego de que Poroso marcara aquel golazo de chilena. “Perdóname Bombillo por mear y cagar amarillo”.

Y se fue, la dirigencia de EMELEC lo prestó al exterior, pero aquel alejamiento no duró más de seis meses, regresó y le dijo al guionista “espérate que viene una de las mejores partes de la pelí­cula”, y así­ fue, su primer partido fue un clásico en el Salado, perdí­amos uno a cero y estábamos con diez jugadores, centro de Otilino y cabezazo, otra vez esa cabeza bendita por los dioses del fútbol, mandaron la pelota a la red, se sacó la camiseta y ante una multitud, en su mayorí­a del rival de siempre, enseñó la leyenda “Tiemblen porque volví­”.

Y se volvió a ir en el 2004, y parecí­a que ya no iba a volver, que la pelí­cula se acaba ahí­, pero él creyó que no era suficiente, que aún habí­a que agregarle más elementos a aquel guión y nuevamente volvió, su primer objetivo era convertirse en el goleador histórico de EMELEC en campeonatos nacionales y lo hizo en el primer partido de su regreso, luego cuando no dábamos pie con bola contra El Nacional nuevamente un cabezazo suyo nos dio un triunfo agónico y ayer, cuando parecí­a que se nos acababan las oportunidades de seguir soñando con la Liguilla, cuando él no jugaba un buen partido, otra vez un cabezazo suyo nos volvió el alma al cuerpo. ¡Qué lo parió! Gritó el guionista, ¿acaso esta historia no tiene fin? Exclamó exaltado. Creo que por el momento no, que falta algo más que sólo los dioses del fútbol saben lo que es, aquellos dioses que bendijeron su cabeza y lo destinaron a ser í­dolo del pueblo azul.

El domingo la historia se seguirá escribiendo.

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