( Por : Willyboy Way )
Fue en un ya lejano año 2000 en el que este amor tan loco y apasionado comenzó a germinar por las razones más puras, nobles y por el buen corazón que cuando uno es niño tiene.
Tengo que reconocer que antes me sentÃa identificado por los colores de otra institución y fue pues al notar que mis compañeros de curso en actos vergonzosos y desagradables emitÃan improperios de grueso calibre en contra de aquéllos que se identificaban con aquél nombre que ni el Alzheimer me hará olvidar: EMELEC, en el que mi corazón reclamó a mis adentros heroicos y a mi instinto de Quijote que saliera como caballero de causas nobles en la defensa de aquellos que no necesitan insultos ni agresiones de ninguna Ãndole para demostrar su amor por su divisa.
Para ser honestos nunca pensé enamorarme tanto de EMELEC, ese club me buscó, ese club me cautivó, ese club me atrapó.
Mi padre que amante del fútbol no es, pero por alguna extraña llamada mÃstica me habÃa llevado desde pequeño a aquellos grandes templos en donde titanes batallaban, dónde muchas veces las risas y llantos se mezclan al unÃsono de un gol, pero sin embargo no se generaba pasión alguna en mÃ… hasta aquélla inolvidable tarde en la que mi padre como mago que oculta un gran secreto dijo: Hijo alÃstate hoy juega EMELEC, vamos a ver el partido al estadio. Un recorrido en bus por la lÃnea… llegar y quedar maravillado con aquél lugar al que muchos llaman estadio Capwell, aquél lugar al que yo llamo hogar, comprar una bandera que hasta el dÃa de hoy guardo con el amor que se le tiene a un objeto entregado por un ser amado… y mi primera vez en el estadio a una localidad a la que llaman plateas de la general Quito, una localidad a la que yo llamo mi puesto de batalla.
El partido C.S EMELEC Vs. Deportivo Cuenca, nunca olvidaré el rostro de mi padre cuando todos en las gradas se levantaron para cantar, saltar y gritar por ese equipo del cual no sabÃamos ni siquiera los cánticos… la experiencia única, cerca de divina, con un jugador llamado Otilino Tenorio el cual me mostrarÃa un fútbol de sacrificio, entrega, y de un espÃritu buscador por la victoria tan fuerte, que por si solo estremecÃa los cimientos del estadio, levantando los corazones y la alegrÃa de la gente… ganamos ese partido por 2 goles y los grité como nunca… al terminar el encuentro mi papá me dijo estuvo muy chévere pero aquà no vuelvo más… yo en cambio desde entonces trato de ir a todos los partidos, por que es el único lugar sobre la tierra en el que mi voz se mezcla con el sonido del amor por aquél club que llena de luz mi existencia.
Fuente : Del por qué del azul, blanco y plomo en mi alma





