Nadie puede sacarlo ya de la historia donde se ganó el puesto de los elegidos. Es uno de los grandes jugadores ecuatorianos de todos los tiempos y en muchos lugares de Sudamérica se rememoran sus jugadas llenas de ingenio, de manejo fino del balón.
Faltaba poco para terminar el 2005 cuando nos llegó la noticia dolorosa. En Guayaquil, su tierra amada, a los 85 años, murió Enrique Alvarez Castillo, el inolvidable “Moscovita” Alvarez.
Acá en Nueva York se lo recuerda por su paso, hace más de medio siglo, por un equipo semiprofesional llamado Hispano, en el que jugó junto a otro grande, el manabita Hugo Mena. En 1953 ambos vistieron la casaca de la selección de Estados Unidos que derrotó a la de Israel en un amistoso.
Empezó a jugar el fútbol en una inmensa pampa que había cerca de su casa en Escobedo y Mendiburo y de allí lo ficharon para un equipo federativo que se llamaba Independiente, en el que jugaban los ya desaparecidos Vicente Chento Aguirre y Marino Alcívar. Un gran jugador de entonces y descubridor de estrellas, don Desiderio Gando se llevó a los tres al Italia, de donde Moscovita pasó al 9 de Octubre con cuya divisa debutó como alero derecho en 1940.. Entonces le decían “Escobita” por lo flaco, y ni él mismo recordaba cuándo y porqué le cambiaron el apodo original por el de Moscovita.
Fue campeón con ese equipo en el torneo federativo y en el Trofeo Ovomaltina. Jaime Puig Arosemena, que había resucitado el Guayaquil Sporting, lo conquistó para que juegue por ese equipo en 1942. Se encontró otra vez con Chento y Marino y fueron campeones.
En 1943 los tres se fueron a Emelec y volvieron a coronarse. Se formó entonces una de las grandes líneas medias de la historia: Chento Aguirre, Moscovita y el Mellizo Luis Antonio Mendoza.
Su consagración se produjo en el Sudamericano de 1945. El técnico Rodolfo Orlandini lo ubicó de centro medio y su brillo fue tal que luego del encuentro con Argentina lo visitaron en el vestuario los dirigentes de Boca Juniors para que vista la camiseta xeneise. Ese era su destino cuando un dirigente guayaquileño lo convenció para que firme por Lanús.
Fue el primer ecuatoriano llevado a Argentina y de Lanús pasó al Audax Italiano de Chile.
En 1947 fue tentado por Santa Fe de Bogotá. Regresó a Emelec en 1948 y un año después volvió a Santa Fe, en plena explosión de El Dorado colombiano en el que integró una medular de lujo con el argentino Angel Perucca y el colombiano Canoíta Prieto.
Hace algunos años el periodista Hernán Peláez Restrepo publicó un libro titulado “Nuestro fútbol” y pidió al consagrado escritor Daniel Samper Pizano un artículo sobre su idolatrado Santa Fe. Samper empezó así: “Un hincha santafereño de más de cincuenta años cree en Dios padre y en Moscovita Alvarez”. Era un inmenso homenaje al recuerdo de ese jugador que un día pasó por ese equipo dejando una estela de fútbol maravilloso. Y téngase en cuenta que allí jugaron René Pontoni y el Pibe Héctor Rial, entre otras leyendas.
Muchas tardes compartí con Moscovita en su casa de la calle Noguchi junto a Federico Zenk y Chacarita Morán Cornejo. Conocí mucho de su vida que acaba de cerrarse para emprender el camino de la gloria.
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