En 1972 llegué al Cuenca como rechazo de Emelec, que ya no quiso renovar el contrato. Antonio Chamoun fue el gestor de mi vinculación. El primer año tuve una actuación regular, pero luego se formó un buen equipo y vinieron temporadas inolvidables.

Ángel Luis Liciardi, goleador absoluto de los campeonatos en 1972 (24 anotaciones) y 1974 (19), narra sus experiencias.

En 1972 llegué al Cuenca como rechazo de Emelec, que ya no quiso renovar el contrato. Antonio Chamoun fue el gestor de mi vinculación. El primer año tuve una actuación regular, pero luego se formó un buen equipo y vinieron temporadas inolvidables.

Los goles me identificaron con la gente. El afecto fue recíproco y por ello a pesar del paso de los años existe un cariño especial. La hinchada sabe que en los dos años que nos clasificamos a la Copa merecíamos ser campeones, pero por situaciones del destino y la mala suerte no se pudo hacer realidad.

En 1975 empatamos 0-0 con Aucas, en Quito y obtuvimos el primer subtítulo, lo que originó festejos interminables en Cuenca. El avión no pudo aterrizar pues la gente invadió la pista de la terminal aérea. Fue algo increíble que nunca olvidaré en mi vida.

Las comparaciones no son buenas, sin embargo, hay una semejanza con los equipos de los 70: triunfaron jugadores que no renovaron sus contratos con clubs renombrados.

Eso pasí con Gonzalo Castañeda, Iván Caicedo, yo, entre otros. Ahora le tocó a Raúl Noriega, Segundo Matamba, John Cagua, Manuel Mendoza, Geancarlos Ramos, Carlos Hidalgo, Camilo Hurtado, ex jugadores de Barcelona, Emelec y Liga de Quito. En Cuenca los futbolistas rinden porque la gente les hace sentir bien.

En 1975 y 1976 hubo figuras, en mi caso era quien hacía todos los goles y me daban todos los laureles, pero yo no me sentía así. El grupo era unido, similar a lo que sucede con el equipo actual. Por ejemplo, en Guayaquil, la agresión de la Policía al técnico Asad y y algunos jugadores unió al plantel en una situación difícil.
Ser goleador por varios años sin ser campeón fue una frustración pero soy feliz como un hincha más. Después de 33 años de sufrimiento se realizó el sueño. Ahora, los cuencanos tienen la suerte de ver a Boca, uno de los mejores equipos de Sudamérica, aunque para máes el mejor.

Desgraciadamente el Cuenca no cuenta con un estadio grande porque de lo contrario se pudiera obtener una recaudación histórica. A los hinchas cuencanos pido que mantengan la tranquilidad. Tuvieron paciencia durante 33 años y no traten de presionar por un segundo título a los jugadores.

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