Ferdinand Hidalgo espera sin armas a la muerte

Ferdinand Hidalgo espera sin armas a la muerte

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Ferdinand Hidalgo
‘Napoleón’ espera sin armas a la muerte
En cuatro paredes se comprimen los 81 años de vida del único ecuatoriano miembro de FIFA. Emelecista de corazón y amigo de Havelange, desea que su legado de reconocimientos sea convertido en museo.

Ferdinand Hidalgo con su inseparable cigarrillo. Asegura que por el enfisema pulmonar que lo aqueja, ahora fuma menos de una cajetilla al día.

Ferdinand Hidalgo Rojas
Ferdinand Hidalgo Rojas

Un Volvo negro de 1970 duerme a la entrada de una casa pintada de azul en la ciudadela Bolivariana. Dentro de ella, más de cinco estanterías de madera oscura, rebosantes de condecoraciones, trofeos, fotos, y más recuerdos de 81 años de vida, son la trinchera del ‘Napoleón’ ecuatoriano.

La voz de Ferdinand Hidalgo Rojas es firme. Su fonética no tiene grietas. Sus respuestas son un mar de historias y anécdotas. Le hace faltan horas para narrar su película. El fútbol, la FIFA, Emelec, su esposa, sus alegrías, todo.

El primer cigarrillo Marlboro Gold. La primera bocanada de humo. Una nube gris cargada de historia se disipa por un pequeño estudio. Hamaquea las piernas como un niño en una relajada silla y de entrada congela las esperanzas de vivir más de lo que ha visto.

Estoy en el ocaso de mi vida” -dice- “solo espero morir, el último trompetazo que es el final obligatorio. Uno no quiere, pero tiene que educar su visión y su mente para esto”, cuenta con desparpajo mientras la niebla del pitillo cae lentamente y deja al descubierto su 1,55 metros de estatura.

Hace siete años, cuando aún lideraba batallas para ganar problemas jurídicos en las mesas deportivas y su gestión como dirigente de Emelec era considerada como base para los éxitos del club eléctrico, la insuficiencia renal aguda intentó frenarlo. En 2007 dejó la presidencia ‘millonaria’. Hace año y medio apareció la osteoporosis y quebró su empuje. Cerró el estudio. La vida cambió.

Se alejó del bullicio de los estadios. Frente a su hogar está el viejo Modelo, al cual solo lo mira de vez en cuando.

Despierta a las 5 de la mañana para leer los diarios. A las 7 busca el televisor para consumir más noticias. “Aquí estoy nomás esperando la despedida”. Segundo cigarrillo.

Ferdinand Hidalgo y Napoleón Bonaparte, el emperador francés (1804-1815), están atados no solo a una similitud de estatura. La tenacidad para lograr sus objetivos, talento y capacidad de trabajo los asemeja.

Un ‘capo’ de la FIFA

Pisar una alfombra roja en el sector de palcos de cualquier estadio del mundo, ingresar a la casa de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) en Zúrich, y recibir elogios de Joseph Blatter, titular de dicha entidad, es como estar en casa para Ferdinand.

Lo hace desde 1966 cuando empezó como representante de Sudamérica ante el “organismo más poderoso del planeta”.

Primero le enviaron una carta de felicitación; luego solicitaron su número de teléfono y dirección domiciliaria. Al llegar a Zúrich, un ejecutivo colocó una insignia en la solapa de su terno. Así empezó su vida entre los grandes del mundo. “Es algo lindísimo estar en un Congreso. Cuando uno cae bien lo llaman por el intercomunicador y le dicen: “Doctor hable más despacio o hable más claro, lo que está hablando está muy bien”.

En 1988, con la aprobación de 220 países, lo nombraron miembro honorario. “Fue lo más valioso de mi vida”.

Una vez al año prepara maletas y viaja a la sede de la FIFA para participar del Congreso en Suiza, por ocho días. Solo lo hace con voz, no vota.

Cada cuatro años, para los mundiales, disfruta de 46 días en las sedes del país organizador. Le entregan el cronograma de partidos y él elige qué juego desea presenciar. Automóvil con chofer, viáticos, visitar cualquier ciudad. Todo a cuenta de la poderosa FIFA, por mandato estatutario, aclara.

Para mí políticamente, la FIFA es más importante que la ONU (Organización de las Naciones Unidas)”. Tercer cigarrillo. Y lo cree así porque la entidad ha intervenido en problemas de países como Sudáfrica en la época del ‘Apartheid’ (discrimen racial) y ha prohibido la participación de selecciones nacionales, debido a injerencias políticas en el balompié.

Deja la silla café de cuero y recorre sin dificultad por las repisas. Diplomas, medallas, souvenirs, fotos, réplicas de las Copas del Mundo de las once citas a las que ha asistido, todo referente a la FIFA. Su pecho rebosa de orgullo.

Su amigo Blatter le dedicó elogios durante la inauguración de la Casa de la Selección. “Fue un discurso bonito, me agarró de sorpresa”.

Ferdinand Hidalgo Rojas
Ferdinand Hidalgo Rojas

Respetado por los amarillos

En 1966 dio la primera clarinada de su carrera dirigencial. Lo hizo cuando representó a la selección de Ecuador en un Torneo Sudamericano en Lima. Allá cuestionó algunas deficiencias de las reglas de juego y la prensa peruana lo destacó.

Fue presidente de la Comisión de Fútbol Aficionado del Ecuador, por diez años, y de la Ecuafútbol y Fedenador.

Pero asegura que a él lo “parió el fútbol amateur”. Inició en Liga Deportiva Universitaria, donde jugó como atacante, pero sus sueños de goleador no prosperaron por ser “patucho”.

Poco a poco se despojó del traje de hincha azul y asumió funciones de defensa internacional por el balompié nacional. Barcelona fue su cliente en 1971, ante la impugnación del clubes colombianos por la inscripción aparentemente extemporánea de Alberto Spencer para la Copa Libertadores. Acudió a la FIFA y ganó el pleito.

La multitud amarilla lo ovacionó a su llegada al Modelo. El emelecista más querido por los toreros recibió reconocimientos por su gestión, por parte de la directiva del barcelona.

Son 60 años de trayectoria como directivo y jurista; pionero en declarar que el futbolista es un trabajador en 1971, pero acá no hacen caso y por eso los clubes pierden los juicios y se los ganan lo trabajadores”.

Sus amores y el vicio

¿Cuarto, quinto o sexto cigarrillo? El alquitrán tizna de marrón sus dientes. Con un suspiro recuerda la orfandad que vivió desde los 7 años en su natal Bahía de Caráquez, tras la muerte de su padre Miguel Hidalgo y años después con su madre Ermelinda Rojas.

Ferdinand Hidalgo Rojas
Ferdinand Hidalgo Rojas

En el colegio Olmedo de Portoviejo conoció a su único amor, Azucena Delgado, con quien no tuvo hijos.

Llegó a Guayaquil para estudiar Jurisprudencia y obtuvo el título de Doctor.

Fue en la universidad donde conoció su vicio: el cigarrillo. No recuerda a qué edad dio su primer pitido y exhalación del humo que ahora promete dejar, pero no sabe cuándo empezar.

Se considera un “enamorado” de Emelec. En su época como directivo (1988-1992) guió las ideas de los dirigentes Nassib Neme, Miguel Fellman, Alberto Dassum y Omar Quintana, para el beneficio del club.

Ablanda su oído con las voces de Elio Roca y Leonardo Favio, sus cantantes preferidos.

Mantiene la comunicación con su “gran amigo” el brasileño Joao Havelange, ex titular de la FIFA, a través de cartas.

Soy llorón, muy sentimental” -admite- “hasta una simple película me puede emocionar”.

Aborrece la política, aunque aparezca inmortalizado en gráficas con Osvaldo Hurtado, Fabián Alarcón, Jaime Roldós (+), entre otros ex presidentes del país. “Soy el único dirigente que no utilizó la política como escalera, siempre me apestó”.

Cree que Luis Chiriboga, titular de la Ecuafútbol, posee las condiciones para ocupar un cargo en la FIFA. “Aprendió cómo pedir una obra y hacerla”.

Destroza un cigarrillo sobre un cenicero metálico. En dos horas de diálogo no dejó de sonreír aunque su ceño fruncido hiciera pensar lo contrario. La vida de Ferdinand es un museo abierto al público “para que conozcan lo que este pequeño hombre hizo por el país”.

via : Expreso

Ferdinand Hidalgo Rojas
Ferdinand Hidalgo Rojas

Comentarios

comentarios

  • carlos orbea

    Por todo lo que sea, siempre lo recordare por ser el dirigente que practicamente regalo a Montero….