Gabriel es hijo de Óscar -’El Diablo’- y sobrino de Jimmy (+), quienes defendieron la blusa de Emelec.
Es el tercer Achilie que viste la camiseta de Emelec. Antes lo hicieron su padre -Óscar- y su tÃo -Jimmy (+)-, quienes también fueron defensas. El primer objetivo del ex Azogues es ser titular.

Aunque es hijo de Óscar Achilie, Gabriel asegura que “no es la continuación del ‘Diablo’â€, como apodaban a su padre, aquel defensa central que jugara en Emelec en la década del ochenta.
“A mi padre le decÃan asà por su forma de jugar, por las ganas, la actitud y el coraje que ponÃa en cada partidoâ€, recuerda el ex D. Azogues.
El futbolista, de 23 años, quien se desenvuelve en la misma posición que su progenitor, forma parte de la tercera generación de los Achilie que juega en el ‘Ballet’, pues en los noventa lo hizo su tÃo, el volante de contención Jimmy Achilie (+), quien también se podÃa desempeñar de back centro.
“No soy la continuación del ‘Diablo’, ni de mi tÃo. Ellos ya marcaron su historia en Emelec, ahora me toca a mà escribir la mÃa. Espero que sea muy buenaâ€, manifiesta a su salida del gimnasio Nautilus, donde ayer los eléctricos realizaron ejercicios de fortalecimiento muscular.

Gabriel proviene de una familia en la cual el fútbol siempre ha estado presente, tanto asà que su tÃo Wilmar también fue futbolista, jugó para Filanbanco, Everest, Nueve de Octubre, entre otros. Su hermano también es jugador, pero se desempeña como delantero en el conjunto Fuerza Amarilla.
“SÃ, todos somos zagueros y hemos defendido a Emelec, lo que creo que no es coincidencia, eso ya es una marca de familia. Al único que no le dio por defender y se fue un poco más arriba es mi hermano, él es atacante, y ahora está jugando en Machalaâ€.
Gabriel, cuyo apellido, no es Achilie, sino Achilier, debido a un error tipográfico del Registro Civil, espera demostrar ese juego que aprendió en el Nueve de Mayo de su natal Machala, donde aprendió a jugar en la escuela del Oro Fútbol Club bajo la tutela del profesor Pedro Latino.
“La razón del cambio de apellido es una gran anécdota. Resulta que mi papá, que es Achilie RodrÃguez, nos fue a inscribir a mi hermano y a mà y la señorita que lo atendió se equivocó y como vio la e muy pegada a la R del segundo apellido, escribió Achilier. No nos lo hemos cambiado, porque es mucho trámiteâ€, revela tratando de contener una ligera sonrisa.
Sobre sus aspiraciones en el plantel eléctrico el defensa espera -primero- ganarse un puesto y luego pensar en el tÃtulo del próximo año.
“Espero aportar con el plantel para conseguir el tÃtulo de 2009, por lo pronto trataré de luchar y ayudar a que Emelec no vuelva a pasar por los malos momentos por los que ha atravesadoâ€, profesa dejando ver sus dientes enmarcados por unos brackets, cuyas ligas anaranjadas resaltan sobre su tono de piel oscura.
Gabriel siempre estuvo seguro de que serÃa futbolista, pues en su casa solo se habla de fútbol. “Mi papá me inculcó el jugar, creo que con este amor por el juego se nace, creo que con lo que viene de familia. Al principio solo nació como un deseo de ir a ver a mi papá y a mi tÃo al estadio, pero ahora estoy siguiendo sus pasosâ€, dice el zaguero central .
El jugador confesó que cuando su padre se enteró de que iba a militar en Emelec lo primero que hizo fue felicitarlo.
“Mi papá está muy contento con esta oportunidad que Emelec me está brindado. Ya se comunicó conmigo para aconsejarme. Me dice que tome las cosas con calma y con tranquilidad, que no me guarde nada. Que dé lo mejor de mà y que trabaje con muchas ganasâ€, comparte este amante de los deportes extremos.
“Me encanta, la verdad es que soy muy aficionado a los deportes extremos, pero me gusta verlos nomás. Me gusta el BMX, el motocross y soy fanático del fútbol desde luego, que aunque muchos no lo crean también es peligrosoâ€, asegura Gabriel, quien ya se compró una bicicleta para algún dÃa dejar de ser solo un espectador y lanzarse a la aventura.
“SÃ, tengo una bicicleta de BMX, pero trucos no puedo hacer todavÃa, cuando haya tiempo a lo mejor me salenâ€, indica Gabriel, tras despedirse y subir al bus eléctrico.
Linsy Coello
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Reportero – Guayaquil




