Hugo Cortez, ex arquero de la selección recuerda sus hazañas en el fútbol. Cuenta que por amor al balompié se desprendió de todo lo material.
Ketty de Cruz (i) y Manuel Cortez eran hermanos de Hugo. La primera fue como su “madreâ€, pues siempre lo apoyó en todo.

Unas manos que brillaron por la época de 1960 se apagaron eternamente el miércoles 14 a las 20:30. Con ello, grandes capÃtulos del fútbol ecuatoriano se cerraron y los ojos de Hugo Cortez, ex arquero de la selección, también. Pero sus hazañas continuarán latentes, pues no solo fue un ‘grande’, sino que se desprendió de todo lo material por el balompié.
VivÃa para el equipo de su alma: Emelec y tuvo la dicha de vestir esa camiseta en el ‘72. Pese a que, según Carlos Cortez, -sobrino del ‘Negro’- él era un “hincha eléctrico enfermoâ€, primero fichó para Barcelona, el eterno rival (1959). El corazón de Hugo se volvió tan azul que incluso a pocas horas de su muerte pidió que lo enterraran con una divisa amarilla. “Él me decÃa que preferÃa que muera un barcelonista que un emelecistaâ€, agrega Carlos, con una sonrisa nostálgica, pues era muy unido al ex ‘guardameta’.
El ‘Tigre’, como también lo apodaban por su carácter temperamental, nunca se dio por vencido. Incluso, cuando los doctores le detectaban colesterol alto, hacia caso omiso de la dieta.
Pese a que defendió a los clubes del astillero, su plantel de todos los tiempos fue el 9 de Octubre. Con él disputó la Copa Libertadores en Bolivia, y su hermano Manuel Cortez (70) la recuerda con lágrimas en sus ojos: “me acuerdo que el equipo no habÃa tenido una buena racha, todos los partidos perdÃan y en uno que se definió por penaltis (contra el BolÃvar de La Paz) mi hermano dijo: ‘despÃdanse todos yo voy a cobrar este tiro’ y metió un puntazo que ni vi a donde la introdujoâ€.
El 6 de enero, el ‘Diablo’ ingresó a la ClÃnica Gil por un infarto cerebral. Si bien fue operado de inmediato, sufrió otro ataque. Para los familiares la atención en aquella clÃnica no era la idónea, entonces lo trasladaron al hospital Luis Vernaza una semana después, pero ya era tarde. Aunque se marchó para siempre, sus atajadas quedarán vivas en la memoria del público que lo ovacionó.
Jacky Vargas
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Reportero – Guayaquil
FOTO: EDUARDO ESCOBAR / El Telégrafo





