En casa, Jefferson tiene una alcancÃa donde guarda el dinero para su hogar. ( El Universo )
En una vivienda de ladrillo, en el recinto La Carolina II, de la vÃa Baba-Babahoyo, se crió el volante Jefferson Montero, uno de los futbolistas clave del oro panamericano que logró la Tricolor el pasado viernes en el estadio brasileño de Maracaná.
La pobreza en la que vive no es obstáculo para que el juvenil, de 17 años, triunfe. Según Mercedes Vite, madre del futbolista, su hijo guarda parte de los viáticos que recibe.Mientras, en el recinto esmeraldeño de La Independencia, la familia espera la llegada de Carlos Delgado, otro de los tricolores de oro.
A pie y por un estrecho sendero de unos 500 metros que se abre entre las plantaciones de cacao, arroz y banano se llega a la vivienda de Jefferson Montero, el jugador que anotó el empate de la Selección de Ecuador ante Jamaica y que finalmente ganó 2-1 y el oro de los Juegos Panamericanos RÃo 2007.
No es fácil acceder al recinto donde se crió el joven futbolista. Antes de encontrar el angosto camino que lleva al caserÃo se debe recorrer un kilómetro de una carretera lastrada que llega a la vÃa Baba-Babahoyo.
A la casa de Montero solo se puede entrar a pie, en bicicleta o en moto. Pero allÃ, en medio de la vegetación y los mosquitos, Antonio Montero y Mercedes Vite esperan a su adorado hijo, aquel niño que nació el 1 de septiembre de 1989 con el talento de un futbolista zurdo.
“Desde chiquito jugaba aquà en la casa con una pelotita de plástico y me hacÃa diabluras en la salaâ€, cuenta doña Meche, su progenitora, quien el dÃa del juego ante Jamaica tuvo un leve desmayo frente al televisor cuando su vástago anotó el 1-1.
El gusto por el balompié de Jefferson se acrecentó en ‘La Polvosa’, una canchita de tierra a un costado de los sembrÃos de cacao, donde jugaba con sus primos y vecinos de diversas edades. Hoy la cancha ya no existe, porque las plantaciones se han extendido, pero Mercedes Vite aún la recuerda.
“Este pedacito es de élâ€, dice la señora Meche, pero no solo se refiere al antiguo “campito†improvisado de fútbol, sino también a la humilde vivienda de ladrillos, donde la ropa de Jefferson está intacta en su cuarto, porque el futbolista que milita en Emelec visita su hogar cada ocho o quince dÃas.
GANADOR DESDE NIÑO
Cuando era un infante y aún no sabÃa pronunciar bien su nombre, Jefferson decÃa que se llamaba Yepe. Y con ese apelativo lo reconocen sus padres, hermanos, parientes y vecinos en el recinto fluminense.
Al ingresar a la escuela Gabriel GarcÃa Moreno, de Babahoyo –a 30 minutos de La Carolina II– Yepe entró en competencias futbolÃsticas.
“Desde los 8 años comenzó a jugar en los torneos interescolares, donde obtuvo campeonatos y terminaba invicto. También jugó desde los 11 años en los interbarriales de Diario EL UNIVERSO, donde también salió campeónâ€, reseña Antonio Montero, quien hasta la actualidad acompaña a su hijo a los partidos. Ahora cada vez que Emelec juega en el Capwell, en Guayaquil, el padre viaja desde Los RÃos para verlo en acción.
Siendo parte de la selección de la provincia fluminense, Jefferson se fue a HungrÃa en julio del 2005 para jugar el torneo europeo de fútbol (Youth Football Festival Hungary). Disputó la final con el UDA Rad de Rumania, pero perdió en la tanda de penaltis y se quedó con el subcampeonato.
Para enviar de viaje a su hijo a ese certamen, Antonio hizo un préstamo de $ 400 a la Hacienda Isabel (que produce banano), donde trabaja desde hace cinco años. Doña Mercedes también tuvo que ayudar a vender 500 rifas que entregó la Federación Deportiva de Los RÃos para financiar el traslado.
En enero de este año, a través de un empresario, Antonio pudo negociar el pase de su hijo con el club Emelec, donde Yepe jugó su primer partido de primera división en el puesto de juvenil Sub 18, durante la primera etapa del torneo.
Hoy toda su familia está feliz con el logro dorado de Jefferson en Brasil. “Siempre fue un ganador, siempre quedaba campeón o ganaba medallasâ€, dice su madre, mientras muestra la pared del comedor de su casa adornada con fotos del joven portando los trofeos y preseas que obtuvo desde niño.
“Antes de irse a Brasil me prometió que me iba a traer una medalla. Me dijo que serÃa oro o plata, pero que él iba por cualquiera de las dos. Ahora lo que él dijo se ha cumplidoâ€, cuenta el orgulloso progenitor.
LA ALCANCÃA DE ‘YEPE’
Yepe siempre ha mostrado respeto, gratitud y apego a sus padres y hermanos (Joffre y Jadira). Cuando terminó el bachillerato de sociales en el Colegio Anexo de Babahoyo y decidió seguir la carrera de futbolista, ofreció ayudar a sus padres económicamente para hacer mejoras en la pequeña vivienda en el recinto fluminense.
En la mentalidad de Jefferson siempre ha primado la idea del ahorro a favor de su hogar. “El Domingo de Ramos (este año), cuando fui a Nobol –porque somos devotos de Narcisa de Jesús–, me pidió que le consiguiera una alcancÃaâ€, expresa Mercedes.
Cada vez que va a La Carolina II, Jefferson deposita monedas en la alcancÃa de plástico en forma de cerdo. Es pequeña, pero Yepe tiene un propósito con el dinero que logre reunir.
“Me dijo que cuando esté llena nos va a decir para qué va a ser ese dineroâ€, refiere Mercedes, quien revela que Antonio también suele sumar monedas cuando sobra algo tras cumplir con las deudas del mes.
“Antes de irse a Brasil le dieron como el 40% de viáticos y me dejó una parte para hacerme atender con el médico, porque tengo inflamadas las amÃgdalas. El doctor me manifestó que las tengo infectadas y debo operarmeâ€, revela Antonio. Y su madre también cuenta que “Jefferson dijo que iba a guardar la platita de Brasil para ayudar acá en la casaâ€.
“Ese gol de Jefferson cambió todoâ€, comenta Antonio sobre la definición a favor de Ecuador en la final con Jamaica, en Brasil. Pero sin pensarlo, esa anotación también puede cambiar las vidas de los Montero-Vite.
“Parece que les han prometido una casa a todos los campeones. Si es asÃ, vamos a irnos a vivir a Guayaquil junto a nuestro hijoâ€, augura Mercedes.
Los jugadores de la seleccion tricolor llegan este dia lunes 13h15 a Guayaquil, vamos todos a recibir a nuestros ganadores en el Aeropuerto Jose Joaquin de Olmedo.





