( Por: Diplomático Azul )

El resultado del partido no fue el que todos estábamos esperando. Por un largo trecho del juego estuvimos inmersos en el sueño de poder salir airosos con un triunfo en este clásico. No fue así­; dividimos puntos con un rival directo, perdimos la oportunidad de dejarlo en el camino y volvimos a perder dos puntos en casa.

En este punto, creo que ya no se gana nada con buscar culpables. Mucho hemos hablado en este foro de nuestros desacuerdos con ciertas ideas del técnico, de la necesidad de colocar a ciertos jugadores en sus posiciones nacionales, de la obligación de los jugadores de entregarse por completo en los partidos, de la imperiosa actitud de mejorar el juego colectivo.

El juego del equipo mejoró, tuvo buena posesión, Triviño jugó de central, la defensa lució algo mejor, el mediocampo estuvo bien con Guerrero. Hubiera preferido no experimentar con Guerrero en este partido, pues otros jugadores tienen más experiencia y mayor tiempo jugado en el campeonato. Para mi gusto sin embargo, no desentonó. Fuimos ofensivos, buscamos el gol. Hasta cierto punto no dependimos de la suerte, tení­amos las cosas a favor, pero no tuvimos la suficiente fineza para definir y el rival corrió con suerte.

Pero volvimos a traicionar aquello que habí­amos corregido. Después del golazo de Gómez Portocarrero nos volvimos a replegar, como todas las otras veces que nos ponemos en ventaja. Dimos la iniciativa al rival para que se nos venga encima y no supimos neutralizar su juego ofensivo. Le regalamos la pelota al contrario. Una cosa muy distinta es que el rival no haya sabido qué hacer con ella. Lo más lógico es que si un equipo quiere aguantar el balón, tiene que poner jugadores para ese fin. Hablo de Rivera y Zura. No se puede pretender jugar al contragolpe con 3 delanteros. Eso es un desperdicio.

Luego, el episodio aquel de la mano del jugador que no supo qué hacer para convertir un gol. El ser humano explota cuando alguien pretende negar lo evidente, como el árbitro lo hizo. Obviamente, la naturaleza humana no es suficiente justificación para evitar una tarjeta roja. El daño ya está hecho, el árbitro expulsó a nuestro arquero y nos dejó con uno menos. Lo que cabí­a era no desconcentrarnos (difí­cil tarea); tratar de manejar el resultado más inteligentemente.

El rival logró aprovechar el hombre menos y nos convirtió el empate, es más, casi nos hace el segundo, pero golpeó en el palo. La suerte volvió de nuestro lado. Volvimos a depender de ella. Dejamos patear a Hurtado, al igual que se le permitió a un jugador, que siempre se ha caracterizado por tener un buen tiro de media y larga distancia, convertir el empate. Nuestro marcador izquierdo pudo haber hecho más.

Dijo el técnico que antes de la expulsión fue un partido y después de ella fue otro y estoy de acuerdo. Pero esto fue así­ porque nosotros lo permitimos. A lo mejor si los delanteros hubieran estado más certeros para definir o si no nos hubiéramos replegado no estuviéramos con la impotencia que sentimos en estos momentos.

Hasta aquí­ todas las ideas anteriores tienen su culpable, pero no tengo el ánimo de condenar a ninguno de ellos. Esto nos debe servir a todos para corregir de una vez por todas los errores que se vienen repitiendo partido tras partido. No logramos nada con señalar a uno u otro como causante de la derrota que este empate significa para nosotros. Cabrí­a revisar si es que para el cuerpo técnico este resultado constituye un triunfo al haber terminado el partido con diez hombres y un tiro en contra en el palo. Hay esos equipos que ganan con un hombre menos. Yo no recuerdo bien la última vez que nosotros lo hicimos.

Es hora de tomar nota de los aspectos en los que se falla. Fallar no es imperdonable. Lo que resulta imperdonable es fallar siempre en lo mismo. Lo reclamamos cada vez que podemos. Amamos a nuestro equipo y siempre lo haremos, somos una hinchada fenomenal que es capaz de hundirse con el barco, pero también somos una hinchada que no permitirá que el barco se hunda. Por eso la crí­tica, por eso la disconformidad, por eso el reclamo.

Toca voltear la página y trabajar para recuperar los puntos perdidos. Toca corregir aquello en lo que se ha fallado. Toca esforzarse para reivindicarse con la hinchada. Toca que la hinchada siga apoyando al equipo. Estas cosas suceden. Nuestro equipo ha tenido altos y bajos y la hinchada siempre estará ahí­. Eso es amor, eso es fidelidad, eso es ser hincha, para celebrar, para sufrir y para criticar.

Comentarios