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Los azules revelan que comer pescado les da fuerza a la hora de jugar

Publicado el Jueves, julio 22, 2010 por

Son las doce del día y las piernas de los futbolistas de Emelec dejan de correr, se han movido por aproximadamente tres horas y necesitan reponer las energías perdidas. La mejor forma de hacerlo, según ellos, es comiendo pescado, específicamente corvina frita.

Para conseguir esta tradicional comida costeña, los ‘eléctricos’ no deben caminar mucho, el exquisito plato solo está a una calle de distancia. Pedro Quiñónez, Polo Wila y Deison Méndez son los primeros en agarrar puesto en un restaurante al aire libre que se encuentra frente al Capwell, sobre la avenida General Gómez.

pescao azul

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“A ver amigo, a mí me da una tamaño ballena con una colita negra”, suelta el ‘polifuncional’ Polo, quien no pierde el tiempo e inmediatamente después de que le sirven su corvina “le clava el diente”.

Al preguntarle qué tal está el pescado en la escala del 1 al 10, el ex Deportivo Cuenca señala, tratando de no atorarse: “Está en un 9,9%, buenísimo. Comer corvina así, fritita, es una costumbre que adquirí de casa. Con la familia siempre le hacíamos a esto y ahora recuerdo los viejos tiempos”.

A Polo le gusta el plato completo: “Es que ese es el éxito, acompañarlo con sus pataconcitos y una buena salsa, creo que eso le da el toque final a un rico pescado”.

Deison no se queda atrás y en menos de dos minutos ya tiene la corvina hecha esqueleto. “Está muy sabrosa, la semana pasada el utilero del club, el ‘Manaba’, nos llevó unas y desde ahí nos hemos hecho fieles clientes acá del chef, ja, ja”, dice el zaguero central.

Méndez cuenta haber adquirido la costumbre de comer pescado desde niño, en su natal Muisne, Esmeraldas. “La verdad es que no importa de dónde venga el pescado, lo que interesa es cómo lo preparan y el señor de acá tiene buena sazón”, asegura.

Por su parte, Pedro Quiñónez es el último en ser atendido. “Bien despachado, amigo. Me da una para la mesa y otra para llevar”, le dice el ex Santos Laguna al dueño del restaurante.

Las bromas son otro plato servido sobre la mesa, al ratito que le sirven Quiñónez cambia su acento esmeraldeño por el cubano y comienza la “gozadera”.

“Bueno, mi hermano, comerse un pescadito acá, mi amigo, siempre es muy importante, porque cuando yo era un niño mi mamá Angelita me daba mucho pescado. Y ahora que estoy más grande, pues salgo a comer con Méndez y Wila”, bromea el volante de corte.

Luego cambia el acento y manifiesta: “No, era broma, no vayan a creer que soy cubano, ¿eh? Yo soy del Barrio Lindo, en Esmeraldas, donde el pescado es súper rico, pero acá el señor también lo hace bueno. De esta comida es de donde sacamos la fuerza para poder patear, correr y hacer los goles”.

El sonido del aceite hirviendo y el aroma que sale de la improvisada cocina llama a más clientes y entonces “cae” otro jugador. Se trata de Darío Pinillo, un juvenil que se desempeña como defensa central en el ‘Bombillo’.

El jugador observa la preparación de su corvina, pero se impacienta y le dice al cocinero que mueva la mano.

Entonces el ‘chef’ rápidamente apana el pescado y lo mete a la paila, donde también fríe los patacones, para que cojan sabor.

“El primero en venir acá fue Polo, él es el que más me promociona en el camerino de los chicos”, revela César Coello, quien es el encargado de preparar las corvinas.

Este vinceño compra el pescado en la Caraguay y luego lo prepara siguiendo los pasos de una receta secreta que aprendió de Eva Ubilla, su madre.

“Primero se limpia a esta corvina ‘yankee’ y luego se le pone ajo, mostaza, pimienta, comino y otras especias. Este es un pescado de primera, que pesa dos libras”, comenta César, quien tiene de ayudante a Wilfarido Murillo.

Pasan cinco minutos, que a Pinillo le parecen horas, pues está que “se muere del hambre”. Hasta que su plato sale de la sartén. “Por fin”, exclama el juvenil, cuyo pedido era para llevar.

Al ratito llega otro cliente, se trata de Joao Rojas, a quien Quiñónez le regala una corvinita también para que se la lleve a la casa.

El precio de este platillo fluctúa entre los 3 y 4 dólares, dependiendo del tamaño del pez, pero para los azules siempre hay un descuento especial.

“Yo soy recontra emelecista, pero jamás me imaginé que les iba a dar de comer a los muchachos. Imagínese que con esta corvina se hacen más fuertes y ganan los partidos, ja, ja”, recalca Coello, mientras sigue cocinando.

Pasan pocos minutos y los platos de los jugadores ‘millonarios’ quedan totalmente limpios. “Bueno, ahora sí nos hace un súper descuento, ja, ja”, dice Wila.

pescao azul

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Polo Wila
Volante mixto de Emelec
“Este pescado es buenísimo. Comer corvina así, fritita, es una costumbre que adquirí de casa, con la familia”

Deison Méndez
Defensa central de Emelec
“Esta corvina está muy sabrosa. La semana pasada el utilero del club nos llevó unas y desde ahí nos hicimos clientes ”

Pedro Quiñónez
Volante de corte de Emelec
“Yo soy del Barrio Lindo, en Esmeraldas, donde el pescado lo preparan súper rico, pero acá el señor también lo hace bueno”

Linsy Coello
lcoello@telegrafo.com.ec
Reportero – Guayaquil

pescado con patacones

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