Las gestas históricas, entre ellas las deportivas, deben ser inmortalizadas para que estén presentes permanentemente en la memoria colectiva. Contribuyen a este objetivo el levantamiento de monumentos, bustos, placas y la escritura de libros.

El 1 de septiembre anterior el Club Sport Emelec develó un busto de George Capwell, en la parte frontal en el sector de la calle General Gómez del estadio próximo a reinaugurarse. Asáse perenniza el legado de este extraordinario deportista y propulsor, que ocupa un lugar preferente en la historia y desarrollo del deporte porteño.

Son justos y necesarios estos actos para evitar el olvido generacional. Por esto siempre hay que reescribir bellas historias, como la de Capwell. Se sigue descubriendo toda su herencia, influencia y logros en este personaje, el más guayaquileño entre los estadounidenses. Su visión sobrepasí toda imaginación. Ricardo Vasconcellos Rosado tiene lista, en la imprenta, otra obra de literatura deportiva con la seriedad y rigor que caracterizan sus investigaciones, sobre la vida de Capwell.

Entre los invitados al acto, en el que se descubrió el busto del Gringo guayaquileño, estuvieron tres grandes directivos de la divisa azul, a quienes tengo en la más alta estima y que me honran con su amistad: Ecuador Santacruz, Ferdinand Hidalgo y Otón Chávez Pazmiño.

Concluida la parte protocolar los tres se encaminaron a la cancha. Se mostraron impresionados por el avance de la obra y hablaron de las comodidades y facilidades del estadio Capwell. Bien se pueden escribir muchas páginas de anécdotas con los recuerdos de de estos distinguidos directivos.

Abordé a Otón Chávez y lo noté emocionado. Tuvo, al pisar el césped del remozado inmueble, la misma sensación del jugador que salta a la cancha para un partido importante. “Estoy contemplando esta maravilla de estadio. Es sensacional. Los emelecistas debemos agradecer la gestión de Nassib Neme”, dijo.

Tras una leve pausa agregó: “Concurrápor primera vez a este lugar en 1945, cuando tenía 11 años, junto con Pepe Carbo, a ver un juego de béisbol entre Emelec y la selección de Panamá. Asávi jugar al Gringo Capwell por primera vez. Son imágenes que nunca se han borrado de mi mente”.

Otón Chávez prosiguió con sus recuerdos: “En aquella época, el lugar era sencillo. Contaba solo con dos paredes de caña que corrían por las calles Juan Pío Montúfar y General Gómez. El resto estaba abierto. Las tribunas eran de madera por General Gómez. Había un lodazal que se extendía hasta donde hoy está el colegio Guayaquil.

Añadió: “Aquávivágrandes historias. Fui testigo del Sudamericano de 1947. En este escenario vi jugar grandes estrellas, como Alfredo Di Stéfano, del que quedé maravillado y me hice hincha de este extraordinario futbolista. Una portada de la revista El Gráfico, con su fotografía, la tengo en mi escritorio. Tambié fui apologista de Fernando Paternoster (DT de Emelec) y cuando él falleció viajé hasta Buenos Aires para expresarle mis condolencias a sus familiares”.

Chávez confirmó: “En 1950 integré el equipo juvenil de Emelec junto a Otto Legarda, José Vicente Balseca, Jaime Ubilla y otros. Luego llegué a ser directivo del equipo profesional desde 1967 hasta 1970. Luego tuve el inmenso honor de liderar un grupo dirigencial para impedir la venta del estadio Capwell, en una época que este escenario estaba descuidado”.

Otón se conmueve: “Esta nueva remodelación me tiene extasiado. Conozco muchos escenarios de América y Europa, pero este estadio tiene algo especial. Es único. Aparte de tener muchas cosas nuevas el Capwell tiene pasado, presente y futuro. Las tres instancias del tiempo. Un pasado ilustre, un presente glorioso y un futuro grandioso. Emelec puede escribir en este lugar nuevas y brillantes historias, independiente de los circunstanciales resultados”, terminó Otón Chávez, justo cuando el resto de dirigentes lo llamaban para tomarse una foto en una jornada de recuerdos y anécdotas. Mientras, yo disfrutaba al ver a estos ilustres personajes encaminarse al camerino, como cuando acaba un partido.

Tuve la oportunidad de ser testigo de una ceremonia de justicia y junto a ilustres invitados. Nunca serán suficientes todos los homenajes para agradecer y mantener vivo el legado de Capwell, quien cambió la historia del deporte porteño. (O)

Aparte de tener muchas cosas nuevas, el estadio Capwell tiene pasado, presente y futuro. Las tres instancias del tiempo. Un pasado ilustre, un presente glorioso y un futuro grandioso”.

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