Periodista mexicana destaca a los hinchas de EMELEC

Periodista mexicana destaca a los hinchas de EMELEC

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boca del pozo new york
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Azul, desde la cuna hasta la sepultura.

Twitter dejó de ser sólo una red social para convertirse en una herramienta de búsqueda e incluso hoy la gente gana dinero haciendo Social Media y trabajo en redes sociales y fue gracias a un tuit, que ayer pude conocer a gente maravillosa de Ecuador y pasar una de las mejores experiencias como periodista deportivo.

Se trataba del duelo de la Copa Libertadores entre Pumas y Emelec; para un proyecto nuevo tuve que ir a cubrir a la afición visitante. Para ser sincera no esperaba más de 20 personas en Ciudad Universitaria y mi idea inicial era ir al Estadio Olímpico para buscar a esos 20 y entrevistarlos respecto a su viaje, y después, irme a la zona de Pumas con mis amigos para disfrutar del partido.

Pero una vez que escribí aquello, no los tuve que buscar, ellos me localizaron y desde ese momento se convirtieron en grandes aliados y amigos. Eduardo Ochoa fue el primero que lo hizo; él me puso en contacto directamente con Federico, quien se encargaría de coordinar a la barra de Emelec en México.

Este chico es un sol. Me dio todas las facilidades del mundo para que pudiera involucrarme en este apasionante mundo de las barras pero debo decir que no lo hizo sin antes hacerme un interrogatorio completo.

“¿A qué equipo le vas?”, preguntó y respondí que al Cruz Azul (dé click aquí y mire por qué..). No era una pregunta usual pero tampoco me pareció fuera de contexto pues se trataba del líder de la barra sin embargo la cosa no paró ahí. Acto seguido me pidió fotografías y aunque olí la desconfianza, se la envié con mi respectivo jersey.

“¡Ya pasaste la prueba!”, dijo entre risas y admitió que pensó que yo era una infiltrada de Universidad; seguramente me vio cara de carcelera y temía por la seguridad de sus chicos (JAJAJA) qué sé yo…

Entonces me presentó con Miguel, alias ‘El Chaparro’, quien me envió datos como hotel en el que se hospedaba la barra, el equipo, hora en que saldrían y todo lo necesario para que pudiera llegar con ellos sin problemas. A las 16.00 horas ya estaba reunida con ellos, en medio de una barra de unas 12 personas, que se convertirían en casi 80 con el paso de las horas, y quienes venían no solo de Guayaquil o Quito, sino de diversas partes de Estados Unidos como Miami, Las Vegas, Nueva York y Nueva Jersey.

Muchas historias me contaron, pero en todas prevalecían los viajes, la falta de sueño, el hambre de dos días enteros y la sed que les partía los labios bajo el sol incandescente y todo por ver a su equipo por 90 minutos.

Los jugadores bajaban eventualmente al lobby donde se hospedaron; todos sin excepción atendían a sus aficionados. ¡La foto!, ¡La firma!, ¡Dedícamela!, ¡Otra foto más, salió movida! Ni una queja, ni un gesto de hartazgo ni desaprobación. Todos, absolutamente todos, dijeron sí.

Me parece digno de mencionar porque en México la mayoría de las divas del futbol no atienden así a sus fanáticos; hay que rogarles por una foto y cuando la miras, traen su cara larga. Son figuras públicas y deben estar cansados de tanta pedichera, sí. Pero también son ídolos; también son las personas en las que los pequeños quieren convertirse, y jamás deberían perder de vista la humildad y que son ejemplo para muchas personas.

Mención aparte debo decir que al inicio sentí un poco de temor al saber que me iría en el camión con los barristas y entraría con ellos a CU; las barras no se caracterizan precisamente por ser pacíficas, sin embargo, conforme pasó el tiempo me di cuenta de que cada uno de los integrantes, mujeres, pequeñitos, chavos y chavorucos, todos, se tratan con respeto.

No escuché jamás que se agredieran, no vi a uno solo ebrio y diciendo incoherencias y lo más ilegal que vi fue el tráfico de dulces en el autobús rumbo al estadio de Pumas, que por cierto, iba custodiado por la policía y protección civil.

Me quedé sorprendida al ver cómo las instrucciones de Miguel son seguidas al pie de la letra. “No molesten a los jugadores cuando salgan”, “liberen el pasillo”, “retírense de la reja”, “silencio todos, estamos entrando en territorio Puma”… Todas eran peticiones a sus chicos, y todas eran obedecidas.

Mantas hechas por ellos mismos, trapos bordados con el azul y plomo ondeaban en la entrada del hotel. “La Boca del Pozo” presumía con fervor ser la hinchada más antigua del club, fundada desde 1980 y ser la primera en haber instaurado los cánticos en la liga local. También cuentan, sin orgullo, a base de enfrentamientos violentos se convirtieron en la primer barra brava del país, que con el paso del tiempo se ganó el respeto de los demás aficionados.

Fueron creciendo, utilizaron las tiras largas de tela, consiguieron instrumentos musicales y después de una década de esfuerzos, se ganaron su lugar entre policías, hinchas y directivos; se hicieron sentir como un equipo poderoso y de temer y desde entonces, la frase “odiamos la violencia” la repiten cada que se puede.

Ahora en la barra reina un ambiente de paz, un ambiente familiar; vi padres con hijos disfrutando el partido, niños de brazos, niños pequeños saltando en las gradas bajo el rugido y el poderoso “Goya” de los Pumas y sin importar el resultado, alentaron hasta el final. Se acercaron al vestidor y cantaron y cantaron hasta que la voz se les apagó por el frío, por el vacío…

“Pocos pero ruidosos”, decía uno de ellos que ondeaba la bandera de Emelec en la mano derecha y la de Ecuador en la izquierda, en todo lo alto de la tribuna mientras presumía orgulloso sus colores. “¡Jamás dejamos de alentar!”, gritaba otro que con el torso pelón y el jersey en la mano derecha, cantaba también el himno de su institución.

Las instrucciones eran claras. Si la “Rebel”, la “Ultra”, la “Plus”, y cualquier otra barra de Pumas se ponía “loca”, ignorar hasta que fuera posible y en caso de que no se pudiera más, “¡Mujeres y trapos primero!”… Los hombres se quedarían a pelear con los puños y defender el honor de su club.

No escuché que dijeran periodistas, pero asumo que yo como gallina correría con el grupo de las mujeres después de tomar un par de fotos y video (jajaja).

Por fortuna no pasó nada. Emelec perdió, sí, por un doloroso 4-2 no solo para sus 80 aficionados en la tribuna sino para cientos que seguían el encuentro desde Ecuador, Estados Unidos, México o cualquier otro rincón del mundo donde el azul y plomo fuera religión.

No los calló ni el gol de Pumas antes de los primeros 30 segundos de juego (Ismael Sosa), no los calló el frío viento que golpeaba sus pechos desnudos, no los calló el resultado final ni que no les permitieran entrar al estadio con banderas grandes, bufandas y un sinfín de cosas que llevaban listas para animar a su club. La alegría no mermó, siguió irguiendo el pecho de sus fieles y mantiene la esperanza viva, porque aún falta la vuelta.

¡Emelec, Emelec, es el grito que se escucha en el estadio!
¡Emelec, Emelec, es el grito de mi corazón!
¡Emelec, Emelec, corazón, fuerza y coraje de campeón!
¡En tu cancha o de visita nadie te puede vencer, Emelec, Emelec!

Juro que traté de mantener al margen mi corazón futbolero en todo momento, pero aunque quería que ganara Pumas por la simpatía que siento por ellos y porque son equipo mexicano, no pude evitar sentir cariño por estos chicos y la casa que defienden hasta el último minuto.

No pude quedarme atrás en los cánticos y después de que me hicieron poner la mano en mi pecho y decir “Emelec, juro que esta fecha no se olvida… azul, desde la cuna hasta la sepultura”, pusieron en mi muñeca derecha una pulsera azul que sellaba en mi corazón pambolero una simpatía por Emelec que perdurará para siempre. ¡Gracias por esta maravillosa experiencia! Todos son ahora parte de mi gran familia de futbol.

Vía : RayoCeleste

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