Por: Diplomático AzulTodo aquello que alguna vez nos hiciste celebrar lo borraste con tu actitud mentirosa y traidora. Hubiera sido mucho mejor no decir nada a elevar una promesa de retornar al Bombillo y sólo al Bombillo, pero tu mismo reconociste tu inmadurez.

Te dejaste tentar por la avaricia, probablemente la diferencia no era tanto. A lo mejor representaba un poquito más de dinero para tu empresario, quien te lavó el cerebro para convencerte de romper tu promesa, promesa que muchos llegaron a considerarla sagrada, propia de un caballero, de alguien que tiene honor. Pero demostraste tu inmadurez y tu codicia.

Desde que te fuiste muchos pedí­amos a gritos tu regreso. Tení­amos confianza en que eras una pieza fundamental en el andamiaje de nuestro equipo. Viví­amos cada dí­a con la ilusión de que las negociaciones de los dirigentes sean positivas. Hemos visto sin embargo, que ya no te necesitamos; que jugadores como tu tuvieron la suerte de estar en un equipo como el nuestro y que no les fue tan bien cuando se fueron al otro lado.

Ayer fuiste un don nadie. Muy lejos quedas de aquel pibe que era el peor miedo de las defensas contrarias. Ayer se te cayeron las alas que nunca tuviste; nosotros te las pusimos. Te perdiste entre nuestros defensas y tu juego fue infructuoso. Uno que otro centro, uno que otro pase, pero nada efectivo como cuando vestí­as de azul. Y es que ni siquiera lograbas acercarte a aquel a quien traicionaste ayer.

Lo traicionaste como ser humano, como caballero, como ex-compañero y ex-amigo, porque lo que hiciste ayer no forma parte de las “cosas del fútbol”. Lo de ayer fue una bajeza atribuible a lo peor de la naturaleza humana. Aquellos que viven de las mentiras y que perjudican a otros son unas asquerosidades de seres humanos.

Ayer demostraste tu mediocridad y tu frustración de que no te salgan las cosas bien. Corriste a celebrar un gol que habí­as metido con la mano, sin medir lo que ibas a desatar y eso constituye una bajeza. El fútbol no se caracteriza necesariamente por ser un deporte de caballeros, pero aquel que resultó expulsado sí­ lo es.

Tu celebración se convirtió en payasada. Aquella “lección” que pretendí­as darnos a los hinchas se convirtió en tu peor bochorno. Nosotros nos reí­mos de ti. Eras tú quien debió irse expulsado, por una conducta anti-futbolí­stica. El fútbol no se juega con las manos, sino con los pies, pero con ese equipo nuevo al que perteneces hasta de eso te has olvidado.

Y pasarás a la historia como un ser que formó parte de un conjunto que depende de la mano del árbitro y de la trampa para conseguir los resultados que le son esquivos. Y no serás campeón con ellos porque la envidia y la trampa no son bien recompensadas.

Nosotros estamos tranquilos, ya te olvidamos, pero con lo de ayer terminaste de sepultarte. El gol no te salió Mondaini. Ya sabes lo que puedes hacer con esa mano.

Avanti Bombillo!

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