Víctor Hugo Sicouret no sale del asombro. Pensaba que su nexo con Omar Quintana era capítulo cerrado, pero descubre que no era como él lo imaginaba. Y aclara que sí cumplió y honró su palabra con el banco que financió la reconstrucción del Capwell.
“¿De qué habla (Omar) Quintana?”, se pregunta el representante de Kengar S.A., empresa que obtuvo la licitación para la remodelación del escenario.
“Es falso que el constructor no honró el documento y él me vino a salvar. Quintana a mí no me salva de nada. Esa deuda no la pagó de su plata, fue pagada porque le fue aceptada una dación en pago. Cuando se la aprobaron yo pensé que se había ido todo, recién ahora me entero que él (Quintana) es propietario de unos palcos”, explica.
Y agrega que no solo son unos palcos -que, según él, vende a menor precio que los del club, perjudicándolo abiertamente-, sino también varias suites.
Sicouret expone que él, en representación de Kengar, y Emelec firmaron un contrato de permuta, mediante el cual “la empresa que representaba construía la remodelación y se quedaba con las 33 suites y alrededor de 2.000 palcos como compensación”.
Explica que para realizar las obras se consiguió un crédito del Banco del Tungurahua con base en un préstamo de la Corporación Financiera Nacional (CFN), que fue firmado por él, Omar Quintana y Enrique Ponce Luque.
Añade que, como no logró vender ni una suite ni palco, hizo una dación en pago a la CFN.







