Ángel Liciardi mantuvo su record de 36 goles por 22 años

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El delantero se consagró como el máximo artillero local en 1975 al marcar 36 goles. Su récord duró 22 años.
El – Tano», quien jugó nueve partidos con la casaca Tricolor, aún conserva algunos de sus trofeos y condecoraciones en su casa ubicada en Urdesa. Ahora se dedica al negocio de la construcción.

Pararse frente al punto penal es como sentarse en el banquillo de los acusados: el destino final que tome el esférico puede enviar al futbolista a la cárcel del olvido o elevarlo al más sagrado altar. Pero la realidad que se vive sobre el campo es mucho más cruel, pues en el terreno de juego hay más de 70.000 aficionados -dependiendo de la capacidad del estadio- que hacen las veces de jueces.

Son muchos los jugadores que han clavado sus pupos en el césped, colocado la pelota en el manchón blanco, disparado y seguido la trayectoria de un balón que se perdió fuera de la red, se estrelló en el parante o fue atrapado por el «condenado» portero.

Maradona, Baggio y Terry son algunos de los grandes que erraron, este último en la final de la – Champions» del presente año. El capitán del Chelsea no aguantó la vergüenza y dirigió una carta pidiendo disculpas a sus – fans».

La presión es enorme y eso lo sabe muy bien Ángel Liciardi, delantero argentino-ecuatoriano, quien fuera el máximo goleador en la historia de los campeonatos nacionales, al marcar 36 dianas en 1976 con el Deportivo Cuenca.

El – Tano» aún conserva su tradicional peinado setentero, aquel de raya a un lado. Pero ha nevado sobre su cabello, que se ha tornado ligeramente gris.

Ahora sentado sobre el sofá de su casa, ubicada en Urdesa, sufre una regresión y se traslada a las eliminatorias mundialistas de Argentina 1978.

Se enfrentaban las selecciones de Ecuador y Perú, y Liciardi fue llamado al «banquillo de los acusados».

«Me habí­a ido excelentemente bien en la pretemporada, hice 12 goles en 14 partidos, ganamos en Colombia con un gol mí­o, empatamos en Uruguay con otro tanto mí­o, le ganamos a Venezuela y a Paraguay, pero todo llegó a su fin cuando fallé el penal contra Perú», confiesa, tras lo cual un frí­o recorre su piel haciéndolo erizar.

«Comérmelo me afectó muchí­simo, inclusive para seguir jugando. Nadie sabe lo que sucedió, nadie sabe cómo estaba yo. Tení­a los dos abductores infiltrados, así­ estuve en la cancha y eso no es fácil», agrega Liciardi, quien revela que el réferi le hizo una mala pasada.

«El árbitro me confundió un poquito, porque pasó por detrás mí­o y me dijo – shooté» que no voy a pitar el silbato. Entonces yo creí­a que el arquero, – Chupete» Quiroga, no lo sabí­a y cambié la forma de patearlo…, es el único penal que he errado», sostiene aún contrariado, pero en un segundo pasa de la tristeza a la alegrí­a al manifestar que después de tantos año ya lo ha superado.

«Toda la gente, al menos la que me quiere vacilar, es lo que más me recuerda cuando me ve, je, je, je».

El – Tano», más conocido como el – Tucho» en su natal Armstrong, ese pueblo ubicado a 80 kilómetros de Rosario, estaba predestinado a ser jugador de fútbol, pues según comparte «nació en una cancha».

Y lo hizo literalmente. Es más, el primer aroma que recuerda es el del pasto recién cortado, ya que su padre era administrador del estadio de Defensores de Armstrong.

«Veí­a a los jugadores correr desde que era un pibe, así­ que le agarré el gusto», sostiene este hincha acérrimo de Boca Juniors, club en el que lastimosamente no pudo militar.

Pese a haber disputado la eliminatoria del 78 y tres Copas Libertadores, el – Tano» nunca pudo sacarse el clavo de medir a la selección de Argentina ni a ningún equipo – albiceleste» en un partido oficial.

«Comerme el penal ante Perú me afectó muchí­simo. Nadie sabe que jugué con los dos abductores infiltrados»

«Jamás me tocó jugar contra Argentina. Eso me hubiese gustado, mas no por demostrar nada, sino porque me hubiera encantado que mi familia me viera jugar la Libertadores o un partido de selección. Ahora me da una envidia sana, porque a cada rato se van a jugar allá».

El – Tucho», quien se proclamara cuatro veces goleador en Campeonato Nacional 1972 -se tomó en cuenta los goles de la serie «B»-, 1974, 1975 y 1976 (24, 19, 36 y 35 respectivamente), confiesa que su llegada al Ecuador fue más que turbulenta.

«Yo llegué a ese paí­s en 1970. Israel Olmos, arquero de Patria y quien fuera mi vecino en Armstrong, me trajo para que jugara en el Macará, pero se apareció luego de un mes. Sí­, se demoró un poquito», dice tras lanzar una carcajada.

«Yo me pagué mi pasaje y todo, pero como se retrasí tanto, un dí­a abrí­ el periódico y leí­ la noticia de que todos los extranjeros del Macará ya estaban contratados. No lo podí­a creer, yo estaba recién casado, tení­a que hacer algo, aunque sea trabajar en cualquier cosa», rememora el atacante, quien más adelante tendrí­a su «revancha».

«Después Israel me arregló un contrato con Emelec, y en el primer partido que jugamos en el Invernal le hice un gol, luego otra vez; en el primer partido del campeonato le volví­ a anotar, ja, ja», comparte.

«Pero él es un gran amigo, estaba muy contento por mí­», agrega este amante de la pesca, al que hace años no le gustaba subirse a los aviones.

«Le tení­a terror a volar. En el 77 fuimos a Brasil a jugar la Libertadores con el Cuenca y pasamos por el Mato Grosso, el piloto me pasó a la cabina, porque sabí­a de mi fobia y me dijo: eh – Tano» te caes aquí­ y no te encuentran nunca».

Sin embargo, el delantero no pudo decirle «no» a la hinchada – morlaca» y accedió a la petición de descender apoteósicamente en helicóptero, cuando los azuayos se erigieron campeones en 2004.

«Me invitaron y bajé en un helicóptero para dar la vuelta olí­mpica en el entretiempo», manifiesta este apasionado por la parrillada, quien confiesa, en son de broma, que su único error ha sido jugar en Barcelona.

«Si pudiera escoger entre borrar el penal que me comí­ o haber estado en Barcelona, me inclino por lo segundo, porque con ese equipo no jugué en plenitud de condiciones y hubo muchos malos periodistas que quisieron chantajearme», anota el atacante de ahora 62 años.

«Marchán, quien era presidente de Barcelona en 1978, me propuso jugar allá. Yo pedí­a mucho para que no me contrataran porque no querí­a jugar más. Por ahí­ se le ocurrió darme el 5% de la taquilla, entonces se me prendió la lamparita y le dije: por el 10% voy y él me respondió: por el 7% de la taquilla bruta y no hablemos más».

Lo máximo que el ariete de origen – gaucho» habí­a llegado a ganar en el – Expreso Austral» era 2.500 dólares y la oferta de los toreros resultaba tentadora y exorbitante.

«Yo tení­a dos taquillas al mes. Hubo partidos en que llegué a ganar 5.000 dólares, o sea me pagaban 10.000 por mes», dice este ex Newell»s, aún receloso de sus hazañas.

Liciardi se expresa con mucha sutileza, pero apunta que cuando Iván Kaviedes le batió el récord de goleo en campeonatos nacionales -anotó 43 tantos en 1998-, no jugó contra equipos grandes.

«Mientras yo me enfrenté a clubes fuertes como el Quito, Liga y Emelec, él lo hizo contra el Técnico, Delfí­n…, entonces no es lo mismo», lanza a la despedida, este delantero, quien ostentara el récord 22 años, 10 meses y 15 dí­as, si se quiere ser exacto.
Linsy Coello
[email protected]
Reportero – Guayaquil

Datos:

La Cédula

* Nombre: Ángel Liciardi.

* Fecha de Nac.: 2/03/46.

* Equipos:

-Newell»s Old Boys.

-Belgrano de Córdoba.

-Emelec.

-Deportivo Cuenca.

-Barcelona.

* Récord: 36 goles en el Torneo Nacional de 1975.
* Máximo artillero local en: 1972, 74, 75, 76.
* Retiro: 1979 en Barcelona.

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