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El estadio Monumental patenta la pañolada a la criolla
Una curiosa protesta de los campos españoles se adaptó en el Salado después del Clásico

No se trata de Roma ni de su Coliseo ni tampoco es el emperador Nerón el que ha ordenado el incendio, pero el coloso del Salado arde. La frustración de la hinchada amarilla ante una nueva derrota como local se mitiga utilizando un elemento purificador: el fuego. Sin embargo, a quienes somos ajenos a lo que ocurre en la otra orilla del estero nos nace la pregunta: ¿Cuál es el mensaje que quiere darse con tanta quemazón?

El debate fue iniciado por la usuaria Pastelita, una de las asiduas de nuestra página. Pastelita se percataba en su post de que en unas imágenes de la inauguración del estadio del Salado (la noche del Monumentalazo para los medios de comunicación que ya lo han olvidado) se apreciaba una curiosa estampa repetida el último domingo: EMELEC celebrando su victoria en el campo y a sus espaldas un ambiente similar al de la quema del Añoviejo, con hogueras repartidas por ambas generales, probablemente en señal de protesta.

Declaraciones

Para el Defensor Azul resulta inevitable hacer un sí­mil con una de las particulares costumbres del fútbol español y, sobre todo, de sus aficionados: la pañolada.

La pañolada es la manifestación de protesta de los aficionados españoles cada vez que el equipo local hace el ridí­culo en el campo o cuando creen que se ha visto perjudicado por decisiones arbitrales. Consiste en sacar pañuelos (generalmente blancos) y agitarlos al viento como quien se despide. Esta imagen, realizada simultáneamente por decenas de miles de personas, suele ser realmente impresionante, ya que además se acompaña de una sonora silbatina. La costumbre tiene su origen en el mundo de los toros, cuando el matador tiene ya al animal agonizante y el público le pide rematar la tarea cortándole las orejas y el rabo. Aplicado a la realidad futbolí­stica, los asistentes al estadio piden las orejas y el rabo del directivo, entrenador, jugadores o árbitro que les ha hecho pasar un momento inolvidable, pero por lo malo.

Dado que en tierras huancavilcas la fiesta taurina no está tan enraizada como en las ibéricas, se ve que los aficionados que concurren cada quincena a los alrededores de San Eduardo han adaptado la pañolada a nuestra realidad. A falta de pañuelos, qué mejor que periódicos, cartones o banderas.

A falta de pedir que le corten las orejas al toro, qué mejor que encenderle fuego, como se supone que hizo Nerón en la vieja Roma a la que amaba y odiaba al mismo tiempo. Tal vez sea ese el motivo de la quemazón que tanto intriga a nuestra amiga Pastelita. Al final resulta que el nombre no es la única españolada de la que presumen nuestros vecinos.

EL DEFENSOR AZUL

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