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Son las 13:45 de un jueves cualquiera. Quince minutos antes del entrenamiento, un grupo de niños de la escuela de fútbol de San Vicente (Manabí­), llega al cementerio de la localidad para visitar la tumba de Carlitos Cedeño Véliz y contarle las cosas que pasaron en la jornada anterior.

José Rafael Bone, era su compañero en el medio campo de la selección de San Vicente. Eleva una plegaria al cielo y le pide a su amigo lo ayude a desenvolverse mejor; luego sale en veloz carrera, porque el entrenamiento está por empezar.

Ellos no son los únicos, el papá de Carlos Cedeño (que tiene el mismo nombre) visita tres veces al dí­a la tumba de su hijo. No se resigna a su partida, pero prefiere no hablar del tema.

Cientos de kilómetros hacia el sur, en el colegio militar Tnte. Hugo Ortiz (Guayaquil), Vanessa León, Ricardo Massuh y Grace Sánchez dialogan sentados en la cancha donde el pequeño Carlitos soñaba con convertirse en futbolista, para defender al equipo de sus amores, Emelec.

“Nosotros no nos olvidamos de él, pero nos da pena tener que aceptar que en el paí­s la justicia no existe. Ya se va a cumplir un año de su muerte y parece que a nadie le importa”, comenta Vanessa, en tono nostálgico.

Ricardo la interrumpe y recuerda que luego de la muerte de su amigo ellos no permitieron que nadie ocupe su banca, en la cual improvisaron un altar.

“Pusimos un letrero con su nombre, unas flores y unas velas, pero la psicóloga del colegio ordenó que la retiraran, luego de aconsejarnos que no podí­amos aferrarnos a recuerdos materiales, porque a los amigos se los lleva en el corazón. Al final de cada año tenemos que lijar las bancas para que las pinten y a mí­ me tocó la de Carlos, fue muy doloroso”, añade Ricardo.

La sensación de impotencia que siente los pequeños es similar a la de sus familiares, que por estos dí­as están edificando un cuerpo de bóvedas para trasladar los restos de Carlitos, para que descansen junto a los de Jesús Cristina Ayong, Washington Cedeño Ayong y Roque Cedeño Ayong, abuelos y tí­os paternos del pequeño, que murió ví­ctima del lanzamiento de una bengala la tarde del domingo 16 de septiembre de 2007, antes del Clásico del Astillero disputado en el estadio Monumental.

En la hacienda La Fortuna, ubicada a 13 kilómetros al norte de San Vicente, la fachada de color celeste mantiene vivo el recuerdo del pequeño y su amor por el “ballet azul”.

En la sala, un cuadro en el que Carlitos aparece sonriente, hace renacer la esperanza de que algún dí­a el caso se resuelva, aunque su abuela, Marí­a Azucena Vera, cree que la justicia terrenal nunca llegará.

“Él era mi consentido. No entiendo cómo puede haber una persona que le haga esto a un niño y nadie pueda encontrar al culpable. Espero que en el cielo se haga justicia”, dice la anciana, quien ahora tiene una nueva misión, enseñarle a Jesús Ismael (el hermano menor de Carlitos) a superar sus temores.

El pequeño dice que no le gusta dormir en el cuarto de Carlitos “porque le da miedo”. Solo cuando está Julián (el hermano mayor) puede descansar.

Todas las promesas
Un dí­a después de la muerte de Carlitos, el presidente de la República, Rafael Correa, ordenó que se inicie un operativo para detener al culpable.

El 18 de septiembre, mientras el entonces presidente de Barcelona, Galo Roggiero, expulsaba a los integrantes de la barra Sur Oscura y les prohibí­a el ingreso al Monumental, Carlitos era sepultado en su natal San Vicente.

Esa misma noche la comisión disciplinaria de la Ecuafútbol clausuró por tres fechas al estadio Monumental.

En los dí­as posteriores, representantes de la Fiscalí­a realizaron las indagaciones del caso, mientras que Roggiero ofrecí­a 10.000 dólares de recompensa para quien dé información que ayude a localizar al autor del disparo de la bengala.

Por las oficinas de la fiscal Miriam Rosales pasaron los dirigentes: Galo Roggiero, Luis Chiriboga (FEF), Carlos Manzur (Asoguayas), además de los integrantes de la barra Sur Oscura: Ricardo Calero, Byron Elizalde, Luis Muñoz y Darwin Rodrí­guez (a) “El Abuelo”, quien fue detenido el 24 de septiembre, acusado de ser el autor material del lanzamiento de la bengala. Cuatro meses después, salió en libertad.

La tarde del jueves el caso fue archivado y se revocó la orden de captura que pesaba en contra de los implicados.

La barra cambió de lí­der
Aunque en primera instancia el lí­der de la barra Sur Oscura,Ricardo Calero, colaboró con las investigaciones presentándose a dar testimonio voluntario en la Fiscalí­a, cuando se giró una boleta de captura en su contra abandonó la ciudad. Desde ese momento el control de la barra amarilla lo asumió Óscar Menéndez (a) “Patilludo”.

Sí­ ingresarán extintores
Luego de una reunión con los jefes de barra de Barcelona y Emelec, el Crnel. Wilmer Cuellar, responsable del operativo de seguridad para el Clásico que se juega hoy en el Capwell, anunció que sí­ se permitirá el ingreso de extintores, en coordinación de la Policí­a, que tendrá una lista de las personas responsables en el manejo de estos artefactos.: Fuente : Diario Expreso

Modesto Garcí­a / Dayse Pico
Redacción Guayaquil y Manta

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