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Fernando Gaibor es un enganche al revés de los habituales, se mueve de media punta y de extremo. La consigna es clara: toque puro, pared, genialidad ocurrente. Está en la dimensión ofensiva: protagonista y acompañante. Para usar la pelota según convenga al equipo. Para administrar la pausa con el adecuado sentido del tiempo, creador de situaciones (al miedo escénico no lo vence pensando.

Sino actuando). Nadie amaga como él. Tanto que observándolo con cuidado, se advierte que su oferta es vertical: los que se mueven, fascinados por sus quiebres.

Nuevos jugadores

Gaibor es capaz de venderle el tranvía equivocado al defensor más pintado. Y, por el hueco que antes ocupaba el cuerpo del rival desequilibrado pasa fugazmente Fernando Gaibor. Los extremos son importantes, pero con una consideración: dan señales de superioridad sobre los laterales.

Puntos fuertes: la paciencia que logró adquirir el equipo para jugar. Ahora corre menos y piensa más cada acción, cada pase, cada jugada. Bajó un cambio a su velocidad y le da mucho sentido a la elaboración. Si el encuentro está trabado busca con remates desde afuera. Equipo de toque y movilidad, su virtud es el aprovechamiento de los espacios libres. Las posiciones dinámicas, la intensidad de Pedro Quiñónez, la circulación a un toque de Mena, son detalles para provocar el error del adversario.

Datos del partido

Enner Valencia: el tiempo le enseñó a largar la pelota. Antes apilaba a uno, a dos, a tres, venía el cuarto y lo barría. Pisador de balón; habilidoso del amague, del freno y la gambeta. La gasta hasta dejarla convertida en una pelotita de goma. Es de la dinastía de los habilidosos. Cultor del toque rococó. El extremo o interior diestro de vigente sapiencia para poner la puntita del pie y hacer pasar al adversario de largo. También está para clavar el freno y ver cómo siguen de viaje los rivales, la cancha y tribuna adversaria.

David Quiroz: encarador, hábil e inteligente. Reúne dos condiciones del futbolista dotado. Mete diagonales y desborda sobre la diestra. Dosifica su manejo sin escapar a las obligaciones de marca y obstrucción cuando su equipo pierde la pelota. Rematador verdugo. Nadie puede frenarlo con el gesto, ni con los brazos. Es la pausa ordenadora.

Tiene el partido en la cabeza y en el pie. Corta camino; su enganche siempre hacia afuera. Una figura que va amagando, quebrando la marca, desequilibrando en la salida: imprevistos recursos. La habilidad que desconcierta para concluir en el área. El fabricante de riesgos. El que marca el ritmo en EMELEC se llama David Quiroz. La figura del medio campo. ¿Que a veces no se lo ve en la cancha? Es como aquel buen escritor que expresa grandes cosas con pequeñas palabras; a la inversa del mal escritor, que dice cosas insignificantes con palabras grandiosas.

Pateando tachos : Roberto Bonafont, Columnista
Twitter: @robertobonafont

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