Editorial «La Libertad del Fútbol»

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matias cedeno galecio
matias cedeno galecio

La grandeza del fútbol está en reconocer la calidad de los jugadores, sin importar el equipo en el que militan o los colores por los que simpatizan. Está en esos jugadores que se ganan el respeto de todos los niveles del mundo del balón, desde entrenador, utileros, aficionados y jugadores rivales.

Esos jugadores que, por su juego y su forma de ser, son ovacionados en cada uno de los estadios que visitan. Jugadores que pasarán a la historia, que ocuparán páginas y páginas de los libros futbolísticos y sobre los cuales se escribirán todo tipo de artículos.

Emelec en Capwell

Los más pequeños también quieren ser como ellos, los usan como ejemplos y tienen en mente ser iguales. Por desgracia, no son los que suelen ocupar los informativos radiales, los espacios en la televisión ni las grandes páginas de los diarios.

Solo quieren jugar con la pelota, disfrutar los noventa minutos que dura un partido, llegar a casa y recordar lo vivido. Son amantes de la pelota, sin premios ni primas. No buscan los focos de los fotógrafos ni a las televisiones. Son, por así decirlo, seres silenciosos que habitan en los campos de fútbol.

Copa Libertadores

Sin embargo, con el paso de los años y con el negocio de las – Academias» que sólo buscan lograr campeonatos a toda costa, para aglutinar alumnos y convertirse en mercaderes, por lo general de los niños más pobres y vulnerables de la población infantil.

Con esto sólo estamos pasando a formar chicos más – mecanizados», a los cuales se les enseñan unos criterios que tienen que seguir, y se les inculca que el único objetivo posible es la victoria. Se pueden ver en partidos de categorías inferiores como los entrenadores, o incluso los padres, realizan comentarios incitando a la violencia o metiendo presión a los niños, diciéndoles que si no ganan no jugarán más.

Partido de Emelec

En realidad, lo que alguien tiene que trasmitirles es la emoción por el fútbol, el gusto por el balón y las ganas por jugar. Solamente jugar, que en su interior viva siempre el espíritu del fútbol, para que se puedan formar en las mejores condiciones, con principios para que sean seres humanos con valores.

Yo no voy a ser el que diga cómo tiene que entrenar cada uno, ya que como no tengo el carnet de entrenador creo que no estoy capacitado para ello, pero sáque me veo capaz de decir que esto es lo que provoca que los niños, al no disfrutar, los acaben convirtiendo en el sector – explotado» del fútbol.

Dejemos a los niños disfrutar mientras se forman, que ya después tendrán la presión de ganar, de conseguir títulos y de mantener la categoría o mejorar el equipo en el que están. Solo de ésta forma podremos tener a mejores futbolistas que amen la camiseta que los formó y no el dinero de una transferencia, que casi nunca la disfrutan ellos o sus familias, sino los intermediarios.

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