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Me dirijo a Usted señor Capitán del equipo de mis amores, a Usted que lleva la banda en representación de una institución. Sé que hay varios de Ustedes, pero estas palabras son dirigidas a cualquiera que sea designado.

Un capitán no es sólo el espíritu del equipo, el jugador que más empeño pone, o el que más calidad tiene. El capitán debe ser un modelo para todos sus compañeros. Debe tener un comportamiento intachable, aún sabiendo que todos podemos tener un mal día. Debe ser el que ponga serenidad cuando otros compañeros están calientes. Debe ser el que anime al resto del equipo cuando está golpeado o caído. Debe ser el último que abandone al equipo; el que termine en las buenas y en las malas como puntal moral. Aquello es posible lograrlo únicamente con el ejemplo.

Es posible que, como todo ser humano, un capitán atraviese situaciones que lo frustran durante un partido. Eso sin embargo, no le da carta blanca para reaccionar como su hígado le mande. Debe entender que sus acciones tienen repercusión en el equipo y por ello su grado de responsabilidad es el más alto. Un capitán no debe, producto de sus emociones, arriesgarse a cometer faltas que le cuesten tarjetas que arriesguen el desempeño colectivo. Un capitán no debe caer en provocaciones y mucho menos responder con cabezazos o codazos de manera infantil. El fútbol se juega con el balón, no con la cara o la cabeza de un rival.

Lo sucedido en las últimas fechas es preocupante. Dos capitanes con roce internacional, jugadores de selección que han hecho daño al equipo. Un capitán en el partido contra Liga de Loja, un cabezazo infantil e innecesario que lo dejó fuera del clásico, dejando un hueco en la defensa. En Brasil, dos capitanes; tal vez el primero injustamente, pero el segundo bien expulsado. Otra vez un capitán en el clásico, condicionando al equipo por un codazo descalificador y también innecesario. Con esto el equipo queda diezmado para las próximas fechas, cruciales para consolidar el primer lugar en esta etapa.

Más allá de las bajas que representan, lo lamentable es que se trate de dos de nuestros capitanes, en cuyo espejo se miran el resto de jugadores. Este tipo de indisciplina no debe repetirse en el futuro por el bien de la institución. Cuando se gana hay que saber ganar y cuando se pierde hay que saber perder, sea cual sea el rival. Si se pierde es porque no se hizo lo suficiente para ganar. El rival no tiene la culpa de ello como para agredirlo. Si hay provocaciones, a tener cabeza fría y no caer en ellas.

Señor capitán, Usted cuenta con el apoyo de la hinchada porque es parte de una institución que se caracteriza por tener una hinchada fiel e incondicional. Honre este apoyo recapacitando y proponiéndose no volver a cometer este tipo de errores. Hasta entonces, merecerá la banda un jugador y ser humano ejemplar, con el temperamento necesario para tomar decisiones correctas en momentos difíciles, en beneficio de sus compañeros.

Por: Diplomático Azul
@xjmunoz

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