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Eduardo “El Gordo” De María : el iracundo 10 del Bombillo

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Ex volante de armado con gol. Su carácter explosivo lo mantenía al filo del reglamento. Vive en Salinas.

De Mari­a tiene actualmente un negocio en Salinas: una parrillada que va viento en popa. En contados días será operado de una hernia, que lo atormenta. Tiene muchos sinsabores. Lo trataron de involucrar como ladrón de carros, asaltante, traficante, coyotero.

Datos

* Uruguayo de nacimiento, pero ecuatoriano de corazón. Nunca se nacionalizó, porque quiere morir como – charrúa”.

* Llegó para Deportivo Quito en 1969. Pero su fútbol se quedó en Emelec.

* América de Quito, Patria y Nueve de Octubre también contaron con sus servicios.

* Nació futbolí­sticamente en las filas de Peñarol de Montevideo.

* Admiró a Alberto Spencer Herrera.

Eduardo – El Gordo” De Marí­a siempre jugó al filo del reglamento. Dí­scolo como ninguno, pero luchador y ganador por excelencia. Bastaba que le hagan una mí­nima falta para que explotara en la cancha y saliera expulsado en jugadas sin mayor trascendencia.

El equipo que lo contrataba sabí­a que cuando al uruguayo no le salí­an las cosas iba a parar a los camerinos. Incluso, tiene un récord de tarjetas rojas -en su paí­s- en una temporada y qué decir durante sus años en el fútbol ecuatoriano.

Como jugador fue un exquisito con la número cinco en sus botines. Con una cintura elástica. Su entrega era total. El equipo que se lo llevaba sabí­a que iban a pelear en:  la temporada o ser protagonista como mí­nimo.

Llegó a Ecuador en 1969 para Deportivo Quito, pero como el cupo de extranjeros estaba lleno fue transferido a Patria, en el que jugó una temporada con un rendimiento aceptado para el medio.

Su juego convenció, por lo que fue llevado nuevamente para Quito, donde recaló en América. Ahí­ se cansó de ganar con los – cebollitas”, y consiguió dos subcampeonatos.

En 1972, Eduardo Spandre no dudó de su juego y lo llevó a Emelec, en el que comenzó a ganar fama e idolatrí­a.

De Marí­a nació en Uruguay y empezó en Peñarol, en el que conoció los secretos de la redonda. “Peñarol me prestó y seguí­ el curso que me dio la vida. Jugué un año en Manizales, Colombia, donde fui elegido el mejor volante del paí­s con 14 goles. Mis mejores años los hice aquí­ (Ecuador) donde llevo más de 40 viviendo en esta hermosa tierra que me acogió como uno más“, indica.

“El Gordo” – así­ lo llaman desde pequeño por su contextura, lo confiesa- dice que es amigo del amigo, pero no cree que haya sido un loco o un demente como en ocasiones lo tildaron. “Era normal lo mí­o. Si tú estás trabajando y te quiero robar la grabadora, te vas a enojar porque es implemento de tu trabajo. Para mí­ era lo mismo. Me robaban un partido y yo querí­a matar a todo el mundo“, dice.

Agrega que “me gustaba ganar mi dinero, lo poco que nos pagaban, de una manera leal sin que nadie meta mano y eso lo sabí­a todo el mundo. No me gustaba perder“.

De Marí­a cuenta que tiene muchas anécdotas gracias al fútbol. Por ejemplo, cuando le dio un patazo a Elí­as Jácome (+). “Jugaba para Universidad Católica y chocábamos contra El Nacional. Suspendieron a Villafuerte por un año, porque le había pegado un patazo a Elí­as Jácome. Éste le echó la culpa a Villafuerte, pero el que le pegó el patazo a Jácome fui yo“, recuerda con jocosidad.

Cuando se habla de los Clásicos dice que tiene uno especial con Bosco Mendoza, médico del BSC hasta la fecha. “Antes del partido estando en la concentración me intoxiqué y me llevaron a la clí­nica Guayaquil.:  Allá me atendió Bosco y me metió un suero, recuperándome totalmente. Retorné a la concentración y jugué. Le hice dos goles a Barcelona y ganamos el partido gracias a Bosco“,:  comenta mostrando una gran satisfacción.

Señala que en su época el fútbol era más artí­stico, más romántico, hermoso a la vista gracias a los talentos que había. Se siente bien en Ecuador, pero no olvida a su Uruguay. Nunca se nacionalizó aunque Ernesto Guerra se lo pidió para defender a la tricolor, pero no lo hizo ya que tiene su propio concepto.

Sigo siendo uruguayo hasta el dí­a que me muera. Es difí­cil cambiar como hacen los jugadores ahora, de la noche a la mañana se hacen ecuatorianos y listo. Y dicen que aman a la camiseta. Eso es mentira, es solo por asunto económico“, analiza.

Comparte un consejo que le dio Alberto Spencer. “A mí me enseñó una cosa muy grande (siempre lo quisieron nacionalizar y no lo hizo), me decí­a que uno tiene que estar con su país hasta el día que se muera. Y así estoy yo. Ecuador es todo para mí­. Están mis hijos, mis nietos, vivo acá 40 años, entonces te podrás imaginar“, menciona.

De Marí­a siempre fue frontal. Es de esos personajes que no se callan nada. Por eso fue sancionado de por vida en el fútbol ecuatoriano.:  “Acá estamos engañados con una sarta de técnicos extranjeros, que no son nada en su medio. Pero como hablan bien y son bonitos les dan todas las posibilidades y son técnicos de la gran madre. Pero ignoran que acá hay gente ecuatoriana, capaz“, argumenta.

Cuando muera lo único que le quedará pendiente es no haber sido entrenador de EMELEC y Liga Deportiva Universitaria de Portoviejo. Aparte de ello, expresa que todo lo ha vivido a plenitud. “Creo que puedo dormir en paz con lo hecho en mi carrera deportiva“.

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