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El mal momento por el que atraviesa el hermanito de barrio ha provocado que muchos hinchas eléctricos desvíen su atención de lo que realmente es importante. Si el rival desciende o no a la B es harina de otro costal. No niego que sería motivo para que aprendan a ser humildes, pero eso es problema de ellos y no nuestro. En cuanto a lo que sucedió en el clásico, era necesario, como en cualquier partido de fútbol, respetar al rival mostrando nuestro mejor fútbol, pero fuimos a esperarlo de forma mediocre. El posible descenso de los amarillos, cosa que luego de ayer ya no es tan segura, ha sido una cortina de humo para la realidad de nuestro equipo.

Supuestamente se juega de forma conservadora para guardar al equipo para los partidos de la sudamericana. Sin embargo, se alinea a la mayoría de titulares. Considerando ese supuesto, se esperaría un mejor desempeño en el torneo internacional, pero tampoco se ve eso. Durante toda la segunda etapa el equipo ha bajado el nivel. Ya no es el mismo de visitante, tampoco de local. El partido contra Espoli nos hizo pensar que había una mejoría, un aumento del volumen de juego, pero el partido contra Zamora en Guayaquil (rival aparentemente más fácil que Botafogo), el clásico y el partido de ayer en Brasil deben servir para bajarnos de la nube. Lo preocupante de todo esto es que Liga mantiene un nivel superior de juego, el Quito ya ganó el grupo y consolida su esquema, el Olmedo nos resulta peligroso. El técnico ha decidido sin embargo, bajar la guardia más de lo que debía. Mientras otros equipos consolidan o elevan su nivel de juego, el nuestro disminuye. La segunda etapa se acaba y ahora se viene lo decisivo.

En cuanto comiencen los cuadrangulares, los centrales no cometerán ningún error como los de anoche. Aguirre marcará férreamente y se proyectará al ataque; la media y la defensa sabrán cómo apoyarlo y él volverá rápidamente a defender cuando la pierda. José Luis Quiñónez dará equilibrio al mediocampo, será un bastión infranqueable. Quiróz generará mayor volumen de juego y pateará al arco al menos 7 veces por partido. Raponi recibirá más el balón y será un dolor de cabeza por el costado izquierdo. Pérez se dedicará a reclamar mucho menos y se convertirá en el armador que el equipo necesita. El mellizo Quiñónez será el mismo jugador desequilibrante que hace algunos años. Rojas pasará el balón a sus compañeros mejor posicionados en cada oportunidad que tenga. Los mediocampistas defensivos se dedicarán a buscar el balón en lugar de la pierna del rival y dejarán de provocar tiros libres infantiles. Los de ataque abrirán espacios y abastecerán a los delanteros, creando innumerables situaciones de gol. Más aún, todos los mediocampistas pasarán sin errores el balón a sus compañeros; pases precisos y peligrosos, sin regalar el balón al rival. Los delanteros aprovecharán la mayoría de las ocasiones que tengan para convertir en el arco contrario.

Como dicen por ahí, ¿cómo hablamos? ¿Es el comienzo de los cuadrangulares razón suficiente para que las cosas sean de esa manera? ¿Se puede lograr todo lo anterior de la noche a la mañana? Son dudas que tenemos todos los hinchas del Bombillo.

Francamente espero que los pocos días que restan para que termine esta etapa sirvan para que el equipo mejore y se convierta en una escuadra efectiva que obtenga los resultados necesarios. Eso es lo que nos debe preocupar, más que si el rival acérrimo pierde la categoría. Nos debe preocupar el Bombillo y sólo el Bombillo. Si el rival pierde la categoría, bien, sino, así es el fútbol. Mantener la categoría depende de ellos y no de nosotros. Ganar el campeonato y hacer un papel digno en la Sudamericana si depende de nosotros.

“Diplomático Azul

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