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Después de vibrar con los goles de Preciado y Angulo, obras maestras del fútbol; luego de celebrar la décima cuarta corona; al final de una espectacular caravana que cubrió completamente toda la extensión de la vía Machala-Puerto Bolívar; con el sosiego recuperado, es posible ponerse a meditar en un proceso triunfador y obtener lecciones para nuestra vida cotidiana.

Mientras, en otras esferas el fracaso ha sido el corolario, de equipos que no pudieron mantener su categoría, ni siquiera pagar puntualmente el sueldo de sus jugadores, dejándonos aprendizajes que deben corregirse. Un mundo lleno de paradojas. Mucho se ha escrito de fútbol –escritores consagrados le han dedicado libros-, pero poco se ha dicho acerca de sus caracteres como fenómeno social de masas.

Emelec, un equipo colectivo

Interpretarlo cual reflejo fidedigno de una colectividad me parece pretencioso, cuando más bien parece expresarse como una excepción, por ser una especie de ritual que rompe toda regla y asume rasgos inesperados. No obstante tiene matices simples, que saltan a la mente.

Declaraciones del Presidente Nassib Neme

Comenzaría por mencionar la modestia de Nassib Neme, Presidente del EMELEC, cuando después de la victoria declaró: “El mérito exclusivo es del cuerpo técnico y los jugadores”, omitiendo la parte que le corresponde por su complicado rol de directivo; papel fundamental en cualquier equipo que obtenga un campeonato.

Ya quisiéramos ver esa sencillez en los políticos, gobernantes y ejecutivos nacionales -cada uno más arrogante que otro-, inmersos en una especie de concurso por mostrar el mayor nivel de soberbia. Un hombre de esa talla no necesita reivindicar sus cualidades ni sus méritos, la comunidad le hace los reconocimientos y le ofrece una merecida gratitud. Nassib Neme es quizás el mejor presidente que ha tenido el Club en toda su larga historia, y así será recordado, a pesar de sus errores y omisiones, propios de todo ser humano al frente de un proyecto que se rediseña en el camino.

Entonces surge una seria reflexión: ¿están los líderes llamados a dirigir o gobernar de manera vitalicia y repetir obligatoriamente una secuencia única de triunfos y éxitos? ¿No es la alternabilidad un reto para que las instituciones forjen nuevos cuadros y se preparen para el futuro, puesto que si bien existe la reelección, no existe la vida eterna?

Un ciclo cumplido

Los jugadores cumplen su ciclo y se van, unos por la puerta ancha, otros por la ventana; con los técnicos sucede lo mismo; los directivos pudieran seguir en su cargo indefinidamente, ofreciendo una carrera de tren ondulante, con el peligro de derrumbarse aparatosamente; mientras los aspirantes esperan su oportunidad y su turno, persiguiendo los mismos o nuevos objetivos.

¿La alternabilidad supone un riesgo?

Por supuesto, no es posible anticipar o adivinar si en una elección el que suceda será igual o mejor que el saliente y quizás resulte malo. Sólo el tiempo podrá dictar sentencia en este juicio. En la alternabilidad hay riesgo; el mismo que existe en la reelección, cuando sobreviene el peligro del abuso de poder, porque el elegido pueda dormirse en sus laureles y adueñarse de la institución, o si cualquiera de las debilidades humanas llegara a afectarlo; pero siempre queda abierta la puerta para empezar nuevas búsquedas, con muchas voluntades que pueden estar mejor preparadas.

Pensando en las instituciones –como el Estado Nacional- sólo se puede apuntar hacia el progreso, bamboleando en un horizonte aleatorio; habitado por mujeres y hombres valiosos pero falibles, fuertes o débiles, llenos de cualidades pero vulnerables a la corrupción. Sobre todo, seres mortales, condición que hace forzoso la maduración de talentos que tomen la alternativa de una administración…, mientras perdure el régimen democrático actual.

Esa colectividad se volvería ociosa y cómoda si esperase a que todo lo resuelva un solo caudillo, olvidándose de hacer su parte, cumplir las obligaciones y asumir sus responsabilidades, “poniéndose la camiseta para entrar en la contienda”. Las experiencias históricas nos muestran de todo, aunque predominan los casos en que las dirigencias sufrieron deterioros y finalmente degeneraron (algunas recluidas en las cárceles).

En el caso del Sr. Neme, antes de que le pudiera devenir el ocaso, el cansancio y las leyes de la entropía, sería de nombrarlo Presidente Honorario, con voz y voto en todas las directivas del futuro, mientras dure su agradable, su congratulada existencia y su luz eléctrica. He aquí una experiencia que puede saltar del engramado del Capwell al campo de la política.

Fuente/Autor: Rodrigo Murillo Carrión

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