Emelecistas o Bolivianos

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estadio capwell
el capwell es el cuarto mejor estadio del 2017

Nuestros amigos, los judíos de hoy, se resienten cuando alguien dice o insinúa que ellos mataron a Cristo. Es verdad. No fueron ellos. Fueron algunos romanos que ejecutaron el pedido, de pocos judíos que vivieron en esos tiempos, quienes frente a Herodes, gritaron por la libertad de Barrabás.

Algo si está claro. No lo mataron los Bolivianos. Esto viene por cuanto un sabio dirigente del otro equipo, explicó en radio y televisión que – todos somos culpables». El no es el culpable.

Si queremos buscar responsables, cosa que no queremos hacer, los destructores del estadio, de las cabinas de radio y quienes atentaron contra la vida de otras personas, no tenían camiseta azul, o la verde de la selección boliviana. Vistieron con frontalidad, la camiseta amarilla, de manera que no fueron – infiltrados» con ninguna sustancia química que cambio la pigmentación de su piel. Fueron alcoholizados al estadio. Venían de la – preli». No de algún partido preliminar. Llegaron de la – preli», de cada barrio, habiendo consumido bebidas espirituosas, que caldearon sus ánimos al punto de sacar frustraciones de malos perdedores. Es que el deporte enseña eso. Aprender a ganar y saber perder contra ocho gladiadores.

Toda causa genera un efecto. La causa no fue el estadio. No fueron los dirigentes y organizadores. La causa no fue la policía o los árbitros. Como en la novela Fuente Ovejuna, donde todos a una, gritaron su culpa. Esta vez, no fuimos todos los que asistimos al estadio.

Hace varios años, un sabio dirigente emelecista, generó una polémica cuando comunicó que no vendería entradas al Capwell a los seguidores de su rival del astillero porque no había cama pa tanta gente. En toda casa, el dueño se reserva el derecho de admisión respecto de a quien desea ver en su fiesta. Para concluir, el agravio se pagará, solamente con impedir el ingreso de los mal criados, llamados hinchas, al fortín azul.

Para explicar la propuesta, basta recordar lo siguiente: partido, EMELEC con Liga de Quito. El estadio se llenó con hinchas de EMELEC. No llegaron a 20 los amigos del Campeón. Pasa igual cuando el equipo eléctrico juega contra el Aucas, El Nacional, Deportivo Cuenca, ESPOLI, Olmedo o cualquier otro. No necesita de la barra visitante, para llenar la casa, pues su tamaño adecuado, permite a sus seguidores, en un ambiente muy familiar, asistir a aplaudir al equipo de sus amores.

Por el contrario, tanto EMELEC, como su rival del astillero, si llevan fanaticada cuando visitan otros estadios del país. Que decir del http://www.worldstadiums.com/stadium_pictures/south_america/ecuador/guayaquil_monumental.shtml»>estadio salado, que para llenarlo, se requiere de los azules. En sus dirigentes estará la responsabilidad de permitir o negar la asistencia de extraños a un clásico.

Obviamente, aquellos buenos barcelonistas, los cultos, que en décadas pasadas se sentaron en los viejos palcos de la calle San Martín y que hoy tienen sus asientos en cómodas suites o palcos de la calle General Gómez, serán bienvenidos con su habitual buena conducta, no así, los delincuentes que degradan la camiseta amarilla, a quienes habrá que impedirles la asistencia al legendario Capwell, templo del buen fútbol, como lo han hecho River y Boca en sus estadios.

Esta medida protegerá a quienes desean disfrutar sanamente, en familia una actividad deportiva, así como también a los medios de comunicación y permitirá que otros negocios como restaurantes, cines, generen un ingreso adicional, ofreciendo el servicio de verlo por tele y faciliten a la hinchada rival su diversión con el consumo de alimentos y alcohol en la medida que estimen necesaria, sin atentar contra bienes y personas ajenas.

Si señores, esa fue la causa. Vender las entradas. No los bolivianos.

Autor :
El Nieto

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