fbpx

Sin fuego pasional, no hay clásico. No hay perdón para la tristeza. El clima enfervorizado no deja de aumentar. Las venas de los relatores hinchadas, la voces tensas, pasadas de extenuación de los entrenadores, los ojos de los comentaristas paralizados, las pulsaciones de los fotógrafos desenfrenadas.

Las manos de la multitud temblorosas. Las piernas de los jugadores (a veces) traicionadas por la tensión. El secreto del fútbol está en los jugadores. Los entrenadores solo están para ordenarlos. La muerte del domingo tiene que esperar. Y, el aficionado del astillero, el más sanguíneo (voz ronca, garganta no vencida, con convulsiones en el cuerpo. Está para estrangular a los fantasmas de la derrota).

Siempre con actitud positiva

Un hombre que contagia optimismo. Optimismo interpretado por gloria, que va por más gloria. Observarlo, solo observarlo a cantar y saltar, es un espectáculo en sámismo. Para que usted se quede sin aliento.

“El clásico se juega por el orgullo y el honor. Un encuentro para vivirlo con presión. Queremos salir del séptimo puesto, la zona pobre en que estamos”, dijo Aguinaga. Barcelona, en el partido inmortal, siempre encuentra en la crisis, la fuerza del amor propio (le basta el espacio de una grieta para renacer). Así lo han demostrado históricamente sus futbolistas, que con el argumento de la tenacidad, derrotaron a los pesares más aberrantes.

La nostalgia queda encendida en la infalible memoria popular: han jugado 190 partidos, 58 partidos ganados para cada uno. Barcelona convirtió 205 goles y EMELEC 207.

La idea de atacar defendiendo.

Omar Asad: su manera de entender el fútbol es en torno a la pelota. Para este entrenador se inicia el juego de posición a partir de la situación de la pelota; formando triángulos alrededor del balón con un arma desequilibrante: el cambio de ritmo constante. El objetivo es combinar sin perder posesión de balón, con una velocidad alta.

En cuanto exista una fisura en la defensa contraria provocada por el continuo movimiento del balón, se cambia el ritmo, para meter un pase vertical, que deja al jugador que hace el desmarque de ruptura, solo frente a la portería. Asad tiene como dogma de fe, que tener la pelota es la mejor manera de defender. EMELEC pierde el balón y comienza el achique, el repliegue, mantiene la iniciativa y el dominio del juego. Será el último clásico de Omar Asad, antes de partir a San Lorenzo su nuevo club (a partir del 24 de mayo, San Lorenzo que tiene que pagar ciento cincuenta mil dólares por cláusula de rescisión de contrato. – Bombillo” llega en ganador (puntero del torneo con 36 puntos), después de ganar a Liga, con un gol memorable de Marcos Caicedo. Un taponazo homicida, un gol para guardar.

¿Se puede llegar a algo sublime sin caer en la obsesión? La obsesión en el fútbol, ¿es una obligación? ¿es posible la pasión sin la obsesión? EMELEC y Barcelona en el partido inmortal, pelean por la victoria, por la vida, porque la muerte es un país donde no se puede vivir.

Via : expreso
Pateando tachos
Roberto Bonafont – Columnista de Diario Expreso

Escribe tu comentario usando Facebook