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El delantero (c) tuvo que recuperarse de una lesión -se rompió el ligamento cruzado anterior de la pierna derecha-. Estuvo alejado 10 meses de las canchas, pero resucitó con un gol ante el Azogues.
El artillero, quien rompió la mala racha de los delanteros, solo piensa en el Clásico.

Jaime Ayoví­ quiere que la suerte que lo acompaña cuando juega en el Jorge Andrade no lo abandone en el Clásico. El artillero eléctrico, quien en el pasado domingo terminó con la mala racha de los artilleros azules, al convertirse en el primer atacante que marca en la segunda etapa, no ha jugado más de cinco minutos en un partido ante Barcelona.

Declaraciones

“Creo que en Azogues he tenido mucha suerte, siempre que he logrado ser titular he marcado y antes del partido, no sé, tení­a la confianza de que iba a convertir y gracias a Dios se dio, pero lo más importante fue que el equipo ganó”, dijo Ayoví­.

El esmeraldeño confesó que aunque faltan dos semanas para el Clásico, no hay otra cosa en la que piense más que en ese partido.

“Lastimosamente, nunca he jugado un Clásico completo, porque cuando era juvenil uno estaba en la cancha 2 ó 3 minutos. He estado en el campo, pero no he corrido ni 45 minutos”, recordó este fanático acérrimo del encocado.

Más declaraciones

“A todo negro el encocado le encanta, y mi abuela, Hilda, lo hace excelente, mas ella está en Esmeraldas y como hace ocho años no voy, no lo he podido volver a probar. A ella, a quien llamo mamá, porque me crió y a su comida, son lo que más extraño de mi tierra”, reveló el jugador retrocediendo en ese momento en el tiempo para recordar que a los 11 años abandonó las playas de la – Provincia Verde” para seguir su sueño: jugar fútbol.

“A Guayaquil me trajo una prima para que jugara pelota. Yo me inicié en la escuela del profesor Duffer (Alman) que se llamaba Ecuatorianos Juniors y ahora Jóvenes del Futuro”, rememoró, tras contar que su llegada al – Ballet Azul” se dio en el 2006.

Dirigentes apoyan

“Acá, gracias a Dios, me trajo el profesor Dufffer. Los dirigentes me dieron la posibilidad de que me probara en el Sub 20 y me quedé”, manifiesta Ayoví­, quien asegura que su único vicio es ser adicto a la buena salsa y a los capí­tulos de Dragon Ball Z.

“Me encanta la salsa, me gusta Atrato River con sus tonadas eróticas y románticas, también soy el fan número uno de La Suprema Corte. Sé bailar, pero no me gusta ir a fiestas y esas cosas, prefiero ver tele, pero en un cumpleaños soy de los que sacó -a las chicas- y bailo”, compartió, luego de lanzar una sonrisa con picardí­a.

Sin embargo, los dibujos animados son los que le quitan el sueño. “Veo bastante Dragon Ball Z, Naruto, Yu yu Hakusho, mis canales favoritos son Nickelodeon y Cartoon Network. Soy un niño aún, porque no tomo ni fumo”, dijo como aceptando una travesura.

Posible alineación

Entre Marcos Caicedo, Michael Arroyo y Jaime Ayoví­ tienen un ritual de saludo para pasarse la suerte con los pupillos. Hasta hace un mes todos los usaban verdes fosforescentes, pero Ayoví­ los cambió por unos plomos con celeste.

“Los verdes se los di a Michael, porque la verdad no me daban mucha suerte”, sostuvo el jugador de 20 años, quien es creyente del Divino Niño.

“Esta cruz me la regaló mi novia, Tatiana Espinoza, y está bendecida por el Divino Niño de allá de Durán. Ni en los partidos me la saco, la escondo para que los árbitros no la vean, por ella convertí­ la semana pasada. La hice así­”, dijo elevándola al cielo. “Alcé las manos para agradecerles a Dios y al Niño Jesús, después de hacerle el gol al Azogues”, agregó el delantero, sosteniendo el crucifijo negro bordado con piola.

Ayoví­ habló también sobre el cambio de casaquilla, ahora utiliza la número 19. “Decidí­ jugar con el 19, al principio, antes de que jugara Juárez, lo hací­a con el 8, pero ese número es sagrado para él y lo usa desde que regresó”.

“Me gustan los números grandes, por eso elegí­ el 19. Lo escogí­ también porque no lo tiene nadie, así­ que si no juego, cuando vuelva siempre estará ahí­”, contó el esmeraldeño, quien ha sido ayudado por le dirigencia, que lo cambió de un barrio de la Perimetral para que viva en Los Samanes.
Linsy Coello

El Telégrafo

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