Pasear por el malecón Simón Bolí­var, comer un encebollado para contrarrestar el chuchaqui, jugar indor fútbol en las calles, beber cerveza en las esquinas de los barrios, apostar, sufrir, festejar por el Clásico del Astillero, son algunas de las tradiciones que identifican a Guayaquil.

Teniendo al calcinante sol de las tardes de verano en el Puerto Principal como primordial espectador, sobre el piso de la plaza mirador El Fortí­n, las sombras de dos ex jugadores de Barcelona y Emelec: Walter Guerrero y Jesús Cárdenas, respectivamente, se encuentran.
Dos ex rivales de la pasión y tradición futbolera de los guayaquileños se asoman junto a los dos cañones que resaltan en la plaza, para observar el crecimiento de Guayaquil, sentir la brisa del rí­o Guayas y recordar anécdotas de los Clásicos.

Para el “Rolo” (por Rolando su segundo nombre) Guerrero, ex arquero del equipo canario de la décadas de los 80 y 90, lo que genera un Clásico del Astillero en la gente que vive en Guayaquil “no tiene comparación con nada”; dice que es un sentimiento especial del que los jugadores no pueden desentenderse.

“En la semana del Clásico sube la adrenalina y se sienten tantos sentimientos, honestamente no sé cómo explicarlo. La gente es parte del Clásico, será­a mentiroso decir que uno no se involucra en lo que vive la gente y desde el lunes sientes lo que te dicen y te piden: Hey, este domingo ganamos; vamos que hay que ganarle a Emelec, no podemos empatar, sabes que Barcelona es el í­dolo, el papá de Emelec, y así­ te vas involucrando”.

Guerrero sonrí­e al evocar su debut profesional con Barcelona. Tuvo un bautizo soñado: jugar ante EMELEC en el estadio Modelo. Fue en 1983 (no recuerda exactamente la fecha), cuando a pocos minutos del Clásico el técnico de ese entonces Washington Muñoz le comunicó que será­a el golero titular.

“Iba a cumplir 19 años y ganamos con un gol de Paulo César, fui una de las figuras de la cancha y eso lo llevo muy dentro de mi corazón, pero cuando me dijeron que iba a tapar me dieron hasta ganas de orinar de los nervios y no podí­a hacerlo”, cuenta Rolo mientras su rostro trigueño se arruga al reí­rse.

Luego de los Clásicos el resultado quedaba en el marcador, porque fuera de la cancha toreros y azules coincidí­an en festejos y brindis hasta el amanecer, según Guerrero, quien admite que algunas veces recién aparecí­a los lunes por su casa.
“Con los de EMELEC nos encontrábamos en las reuniones y compartí­amos porque en la cancha se queda cualquier rivalidad; en la cancha nos podí­amos meter golpes, pero después lo olvidábamos. Recuerdo que en una de ellas estaba el argentino Russo, con quien horas antes hasta la madre nos habí­amos insultado, se la dejamos chiquita; y acá nos dimos un abrazo, nos tomamos un trago”.

El debut del “Jechu” Cárdenas en un partido inmortal se produjo en el año 1982.

Afirma que se le erizó la piel cuando el técnico Juan Eduardo Hobber le pidió que calentará, porque iba a sustituir a Uvaldo la “Uva” Quintero.

“Yo era un muchacho que recién iniciaba su carrera y me tocó acompañar en la delantera a Lupo Quiñónez. Traté de hacer lo mejor y al final igualamos a dos goles en el estadio Modelo”, dice Cárdenas, mientras posa junto a uno de los cañones del Fortí­n de Las Peñas.

De los choques con Barcelona recuerda a Hólger Quiñónez, el defensa más difí­cil que enfrentó, aunque también le dedica un capí­tulo especial al brasileño Luis Claudio, a quien califica como “un central muy alto y seguro en el juego aéreo”.
Indica que para él todos los clásicos fueron especiales, pero reconoce que el de la Copa Libertadores (1990) fue frustrante para los azules.

“Ese dí­a EMELEC mereció ganar. Dominamos e incluso (Carlos Gerardo) Russo falló un penalti, pero al final Barcelona ganó y clasificó a semifinales. Dos años antes le habí­amos inaugurado el estadio. Así­ es el clásico, a veces te hace reí­r y a veces te hace llorar”, añade el “Jechu”.

En son de broma indica que Walter Rolando Guerrero fue uno de los arqueros al que más goles le marcó.
“Con (Carlos Luis) Morales la cosa era más jodida, pero debo reconocer que tení­a una defensa muy sólida. Una vez el “Rolo” tapó en un equipo emergente y le hicimos seis goles. Hasta para eso era salado”, acota.
Hoy, ellos no estarán en la cancha del estadio Monumental, pero vivirán el Clásico del Astillero con la misma pasión de siempre.

(PAP-MGD) Expreso

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