Juanito Moscol seguirá viviendo en nuestro recuerdo

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Se fue de improviso, sin despedirse. Sin regalarnos esa sonrisa permanente que era su signo a través de más de seis décadas de vida. Se truncó su existencia mientras hacía aquello que más le gustaba: bailar con Jenny, su fiel y querida compañera. Se cortó el ritmo, se frustró la alegría y quedó sólo la sorpresa primero, y luego la angustia. Estaba en el piso Juanito Moscol sin dar señales de vida.

Los paramédicos trataron de reanimarlo. Lo llevaron luego al hospital cercano. Trasponiendo una puerta a la que no tuvimos acceso estábamos acompañando a Jenny, su hijo y a sus hermanas, un grupo de amigos a los que nos azotaba el temblor de una muerte cercana, del final de un ser querido y querible con el que transitamos desde la niñez.

El dictamen fue fatal: Juanito había muerto. Llegó ya cadáver a la sala de urgencias del hospital.

Quedó sólo el llanto, las exclamaciones dolorosas. ¿Cómo pudo morir tan repentinamente un ser que rebosaba de salud y de vitalidad?

Misterio al que a veces se llama destino, jamás exento de crueldad.

Tuve la fortuna de conocer a Juanito Moscol desde la niñez, cuando ingresamos, en 1948, a la escuela, de la que salimos en 1953 para ir luego al Vicente Rocafuerte. Un día de 1950 los profesores nos llevaron al viejo Estadio Guayaquil de la calle Los Ríos, donde todavía existía la cancha de sarteneja molida. Nos dividieron en dos grupos para un partido de fútbol. Juanito nos asombró a todos con su dominio de balón y sus – cabrias» magistrales. Nos hizo quedar como lo que éramos: unos neófitos frente a un maestro. Allásupimos que un día sería un crack.

Marcado en la historia

En el Vicente Rocafuerte quedó en la historia al unirse a otros grandes jugadores. Llegó a integrar la mejor selección vicentina de todos los tiempos. Esa selección formaba con Pancho Barreiro; Daniel Vaca, Teodoro Ruíz y Walter Arellano; Efrén Cobos y Tomás Jordán; Nicolás Alvarez, Pelusa Guerrero, Wilson Sernaqué, Jorge Bolaños y Juan Moscol. Fueron campeones con 41 goles a favor y cero en contra.

Era un estudiante colegial cuando debutó en 1959 en el primer equipo de Emelec. Fue el 18 de octubre nada menos que en un clásico del Astillero en el que formó la defensa con Jacinto Astudillo, otro juvenil, y Raúl Argüello.

En 1960 ya era titular como marcador de punta o como alero izquierdo cuando empezaba a gestarse la línea de – Los cinco Reyes Magos», que no fueron sólo los que se mencionan siempre, Balseca, Bolaños, Raffo, Raymondi y el Pibe Ortega, sino otros que alternaron con ellos como Juanito Moscol, Clemente de la Torre, Galo Pulido y el Chamo Flores. Formó líneas históricas como aquella de Balseca, Pineda, Raffo, Raymondi y Moscol; o la de Delgado Mena, Bolívar Merizalde, Rubén Baldi, Enrique Raymondi y Moscol; o la retaguardia – eléctrica» de Felipe Mina, Cruz Avila y Moscol. Fue campeón muchas veces con su querido Emelec.

Después vino a Nueva York donde lució su clase todavía vigente en las canchas de Flushing.

Manejando un periódico como Ecuador, Edición Internacional, mostró lo que era: un caballero que nunca incurrió en las posturas adulatorias a los funcionarios públicos que son la túnica de cierto – periodismo» de la comunidad. Fue un hombre ejemplar que abandona la vida sin una mancha.

A nombre de todos sus amigos y compañeros de deporte, de quienes hacemos EL DIARIO/LA PRENSA, en la otra orilla de la vida le damos un abrazo fraterno a Juanito, quien fue siempre un orgullo de deportivismo y ecuatorianidad, y le participamos a toda su familia nuestra solidaridad. Que Dios lo reciba entre bendiciones.

por : Ricardo Vasconcellos
para : Juanito Moscol seguirá viviendo en nuestro recuerdo

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