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Jugadores de EMELEC queman años viejos deseando exitos para el 2008. “Me quiero quemar a mí­ mismo”, contestaba Armando Paredes, con las manos metidas en los bolsillos de un “blue jean” desteñido, a la pregunta sobre a quién quemarí­a este año.

La respuesta arranca risas de un par de testigos indiscretos, en las afueras del polideportivo de Los Samanes, donde actualmente se concentra Emelec.

Sin embargo, a Paredes parece no causarle gracia. En serio, me voy a ir a la 6 de Marzo a ver si me encuentro”, señaló sin tener idea alguna de la existencia del monigote que lo representaba y que estaba en la calle a la que iba a buscarlo.

En Seis de Marzo y Francisco de Marcos, hay un año viejo de Paredes luciendo la casaca del Barcelona, equipo donde militó el año pasado.

En la mano izquierda sostiene un vaso y en la derecha una gran botella de cerveza. El precio del muñeco es de 40 dólares. “Este año he tenido altibajos, pero las pocas cosas buenas hay que rescatarlas, y las malas, quemarlas”, dijo.

Así­ como Paredes, algunos de sus actuales compañeros: Jorge Ladines, Robert Angulo y Jason Zambrano, concuerdan en que hay que olvidar el pasado año, donde ninguno de los equipos del astillero entró a la liguilla.

Uno de los festejos de año nuevo que más recuerda Paredes se remonta casi 9 años atrás. La imagen de una selección entera de sub 15 escapándose por la ventana de un complejo deportivo le viene a la cabeza como pelí­cula vieja, en blanco y negro.

“Tení­a 15 años y estaba en la selección sub-17 para un Sudamericano, estábamos encerrados y era fin de año. A las doce todos mis compañeros amarramos 5 sábanas y nos bajamos por la ventana para ir a una discoteca. Recuerdo ese dí­a porque casi me fracturo una pierna. Al regreso…,caraetuco, lo palabreamos al guardia y no pasó nada”, comenta al tiempo de lanzar una larga carcajada y alcanza a divisar a su compañero, Jorge “El Pony” Ladines.

“Para donde vas oe”, “para mi casa”, responde Ladines. Al delantero lo esperan sus demás hermanos para seguir rellenando de camaretas al año viejo que quemarán este año. “Es un sapo, grande y con lengua larga. A mí­ no me gusta quemar personajes polí­ticos como Gutiérrez, ni nada de eso”.

No obstante, el delantero asegura que si tuviera un poco más de destreza artesanal con el almidón y el papel periódico, definitivamente el personaje que moldearí­a fuera a Ronaldinho.

“Me gusta como juega, pero no le están saliendo las cosas bien, me gustarí­a quemar esa mala imagen de él”, dice.
Pese a que afirma que del 2007 “no le gustó nada”, no piensa amargarse en la celebración. Luego de quemar un par de zumbadores y “bazookas”, irá a festejar el comienzo de otra oportunidad en el 2008.

“Después de disfrutar con mi familia, ahí­ sí­ me reúno con mis amigos”, dice el “Pony”.

“Yo paso con mi familia el 25 nomás. De ahí­ fin de año me voy a la playa”, comenta Paredes, mientras se embarca en su auto para avanzar solo un par de metros y entrar a la cancha y a las villas de la concentración.

En uno de los graderí­os está otro de sus compañeros, el arquero Robert Angulo. Usa una pantaloneta y calza un par de zapatillas. Busca relajarse luego del entrenamiento.

“¡De este año quiero quemar todo!, este ha sido el año que me ha ido peor. Quiero quemar los peores momentos”, dice Angulo, mientras chupa un mango amarillo que recién “se bajó” de una de las matas que rodean a la cancha de Los Samanes.
El cancerbero tení­a planeado viajar ayer a Esmeraldas, donde disfrutará las fiesta de fin de año con su familia.

“El fin de año lo paso con mi familia, especialmente con mi madre. El año nuevo que más recuerdo es el del 2005”.

Al recordar la fecha su voz se apaga por un momento, “ahí­ todaví­a estaba vivo mi padre”, recuerda. Luego mira para abajo y mueve la cabeza. Enseguida la levanta con expresión más alegre. “Eso de las cábalas: de las doce uvas a las doce, ni de darse vuelta con la maleta, en eso sí­ que no creo, Dios es lo más importante”, dice el guardavallas a lo que Paredes replica “¡Yo sí­!”.

“Yo me pongo una media amarilla en el pie derecho”, y eso para qué sirve, preguntamos, “eso sí­ no se les voy a decir pues, después me copian. Es un secreto”, dice mientras sonrí­e.

A los dos jugadores eléctricos se les une el delantero Jason Zambrano. Juntos caminan hacia el monigote del equipo, “el doctor Álvarez”. El monigote luce una pantaloneta celeste, pelo canoso y una cartera que le colgaron los jugadores para “aportarle cierto toque de personalidad”, según aseguran.

Tení­an planeado quemarlo el pasado sábado, ya que entrenarí­an hasta el domingo al mediodí­a. “A este ya lo tenemos papelito ve, lo vamos a hacer volar. Ya tenemos dos gruesas de camareta”, asegura Angulo.

Los jugadores emelecistas no quieren ni que las cenizas del monigote se salven. Quieren dejar atrás un año de derrotas y malos recuerdos. (MDC)

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