Julio Jaramillo hincha de EMELEC falleció hace 28 años

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julio jaramillo
las inéditas de julio jaramillo

Jaramillo fue una de esas personas que lograron ser inmortales, pero no por su opción de vida libertaria o maldita, sino porque era un artista talentoso y auténtico.

Esta mañana cuando leía que mi equipo había vuelto a perder, escuché una voz: He despertado a leer lo que escriben sobre mi muerte y nada es verdad. Inmediatamente dejé el periódico sobre mi escritorio y me arreglé el cuello de la camisa. El tipo que tenía al frente aunque vestía un terno azul lucía como un náufrago.

Apremio económico

Supuse que afuera llovía porque eran los primeros días de febrero. La fecha me atormentaba porque el portero me exigía el dinero del arriendo. Ese apremio económico hizo que le prestara más atención a ese posible cliente y que olvidara la última derrota del Emelec.

Qué decía, pregunté al señor que permanecía de pie. En ese momento me di cuenta de que andaba descalzo. Eso me olió mal porque solo un loco viste terno y olvida los zapatos. A mátambién me gustaba leer los periódicos, lo hacía al mediodía en el Costa, de Nueve Octubre y Boyacá, pero con un cebiche de camarón y una cerveza bien helada, dijo y se sentó. Cruzó las piernas y sus pies desnudos quedaron a la luz de la mañana.

Se sacó las gafas y fue como si despojándose de esa máscara diese a conocer su verdadera identidad. No sé por qué pero en ese momento, recordé mi infancia. Aquellas tardes en el Juan Pueblo, cine barrial donde mi padre trabajaba de proyeccionista.

Rendimiento de los objetos

Yo le llevaba la vianda del almuerzo, cuando el viejo despachaba su comida y vigilaba el funcionamiento de los proyectores, escapaba a la oscura luneta a vivir la última aventura de Santos, el Enmascarado de Plata.

La luz de la mañana siempre me fastidió, explicó y esas palabras me expulsaron del lejano cine Juan Pueblo y me encontré con la mirada entre triste e ida de ese hombre descalzo. Le iba a decir que me parecía conocido, pero como siempre dije otra cosa: ¿Quién le robó los zapatos? ¿Mis zapatos?, se preguntó sin darle importancia al asunto.

El caso es que una mujer y seguramente otras personas van a venir a averiguar por máy unos documentos clave, me explicó. Yo recién me daba cuenta de que su vestimenta estaba como húmeda o podrida y ese olor inundaba a mi oficina. Lo entiendo, ¿pero quién es usted, de dónde salió, está seguro de que no se ha equivocado de oficina? Pregunté temeroso por estar frente a un fantasma o un loco.

El tipo miró las cuatro paredes de mi humilde oficina de 4×4, me determinó y vocalizando muy bien cada una de sus palabras, dijo: ¿Esta es la oficina de un tal Hammer? Sí, soy Hammer, George Hammer, el detective privado, respondácon una seguridad de cuatro centavos de dólar. Míster Hammer, yo soy Julio Jaramillo, Míster Juramento, y todo el mundo sabe adónde me fui pero no por qué. No dije nada porque no entendía lo que me estaba pasando.

El Detective de Julio Jaramillo

Julio Jaramillo se puso de pie y antes de salir dijo: La mujer se llama Blanquita Garzón, solo dígale que usted y yo vamos a descubrir la verdad. Desde ese 9 de febrero, mi vida cambió. Bebo más de la cuenta y nadie, ni siquiera mi amada Alaika, quieren creerme que yo soy el detective de Julio Jaramillo.

De una u otra manera todo comenzó la noche del 9 de febrero de 1978. No era la primera vez que íbamos a la tienda de doña Julita. El local era una casa sombría de caña con mostrador, una mesita y dos sillas. A Julita el tiempo le arañaba la cara aunque siempre estaba maquillada y vestida tropicalmente. Si le caías mal, ni te hablaba. Pero si eras su amigo ciertas tardes se animaba a contarte su historia, era cuando ponía en su destartalado tocadiscos sus long play favoritos: Mis mejores pasillos y Mis mejores boleros, ambos de Julio Jaramillo.

Siempre acudía a la tienda después de clases en la U con mi yunta Fernando Itúrburu. También iba en plan amoroso con la compañera Ligia. Era un jueves esa noche del 9 de febrero y sobre la ciudad caía una llovizna finísima. Nos recibió doña Julita lagrimosa y dijo: En la radio anunciaron que Julio Jaramillo ha muerto. Esa fue la noche más triste de Guayaquil.

¿Por qué después de 28 años la gente de diversa edad y estrato social gusta aún de Jaramillo? Creo que esa preferencia está definida por la calidad de su voz y la manera tan sentida de interpretar esas historias de amor y desamor. Recordemos que después Charly Zaá puso de moda entre los jóvenes las canciones de Julio Jaramillo, ¿pero quién lo escucha ahora? En cambio, los que descubrieron al auténtico cantor de esos boleros, se quedaron para siempre atados a JJ.

Asimismo, la vida y la leyenda de Julio Jaramillo seduce a todos. La historia del humilde zapatero, bohemio y mujeriego que triunfa como cantante talvez pueda repetirse con otro artista pero difícilmente este será dueño de esa tesitura de voz, carismática personalidad, ni poseerá esa filosofía de vida tan alejada de las reglas establecidas por la sociedad.

De no darle importancia a la fama, a los triunfos, ni al dinero. De ser amante del amor y no de una mujer. De vivir los excesos que hacen feliz mientras te están matando. Ese suicidio público que te elimina lentamente.

Jaramillo fue una de esas personas que lograron ser inmortales pero no por su opción de vida libertaria o maldita, sino porque era un artista talentoso y auténtico. ¿Y cómo sería si estuviese vivo con 71 años a cuestas? Talvez la sombra de ese gran cantante que con su voz estremecía a quien lo escuchaba.

Este 9 de febrero, quizás también llueva. No estarán presentes doña Julita, tampoco los amigos ni los antiguos ni recientes amores. Pero esta noche Jaramillo cantará mejor que nunca y todos lo recordaremos vivo, así como cuando acude a la oficina de George Hammer, su detective privado.

Letra de Nuestro Juramento

No puedo verte triste porque me mata

tu carita de pena; mi dulce amor,

me duele tanto el llanto que tu derramas

que se llena de angustia mi corazón.

Yo sufro lo indecible si tu entristeces,

no quiero que la duda te haga llorar,

hemos jurado amarnos hasta la muerte

y si los muertos aman,

despues de muertos amarnos mas.

Si yo muero primero, es tu promesa,

sobre de mi cadaver dejar caer

todo el llanto que brote de tu tristeza

y que todos se enteren de tu querer.

Si tu mueres primero, yo te prometo,

escribiré la historia de nuestro amor

con toda el alma llena de sentimiento;

la escribire con sangre,

con tinta sangre del corazon.

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