Kleber Fajardo : Una lesion marco la vida del Cabezon

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Kleber fajardo, ex futbolista, era volante de corte con buen toque. El mejor en su puesto entre las decadas del 80 y 90. Campeon con Emelec.

Atravesaba el mejor momento de su carrera deportiva, pero una malintencionada jugada, en la Copa Libertadores de 1990, por parte del jugador boliviano Coimbra, lo marginó de las canchas por un año y medio. Las consecuencias de la lesión: rodilla, meniscos y ligamentos rotos.

Aquella acción marcó para siempre a Kléber Emilson Fajardo Barzola, quien retirado de las canchas dice que no se quiere acordar de aquella maniobra que casi le cuesta dejar su actividad deportiva para siempre.

«Fue una lesión que marcó mi carrera en un antes y un después», dice el ex jugador (nació en Balzar, cantón de la provincia del:  Guayas) al esquivar la pregunta. Sin embargo, la recuerda como si fuera ayer.

«Iba a la disputa con Coimbra. Él llegó a parar una pelota, le rebotó un poco y perdió el control de la misma. Al verse en aprietos fue con las dos piernas, pelota y todo y me golpeá. Me lesionó la rodilla, meniscos y ligamentos. Fue en una jugada con mala intención, alevosa y desleal», dice.

De su agresor espera que la justicia divina lo perdone porque él no lo hará. La misma prensa boliviana lo tení­a a:  Coimbra como un jugador rudo y – hachero».

En todo caso, – El Cabezón» -como lo apodan- afirma que prefiere acordarse de cosas gratas. De los momentos agradables que vivió en la tienda millonaria y de los tí­tulos que alcanzó defendiendo la blusa azul y plomo.

Fajardo llegó al balompié:  proveniente de las divisiones inferiores de Emelec. Debutó en primera en 1984 en un partido Emelec-D. Quito. Fue titular en la selección juvenil que disputó el Sudamericano Sub 19 en Paraguay en 1985, así­ también con la selección Preolí­mpica sub 23 en Bolivia. Debutó con la selección mayor en:  1987 (Uruguay 2 – Ecuador 1).:  Disputó la Copa América del 87 en Argentina, y la de Brasil en el 89. Defendió en 36 ocasiones a la Tricolor. Y en las eliminatorias al Mundial de Italia 1990 y Estados Unidos 1994.

Cuenta que llegó a los tres años a Guayaquil. De inmediato pasó a vivir a un sector caliente, bullanguero y pelotero como lo es Cuenca y la 15.
Dos piedras en forma de arco, la vereda también :´valí­a:´ y uno de los dos equipos tení­a que sacarse la camiseta para poder identificarse. Esos son los recuerdos de sus inicios, hasta que lo inquietó una convocatoria para engrosar filas eléctricas.

Se probó y se quedó.:  Agradó a los técnicos de turno y pese a que le gustaba jugar como delantero tuvo que adaptarse en el medio campo. Como hombre de corte. De esos que se – comí­an» el terreno de juego. Polifuncional. Agresivo cuando el momento se presentaba. Atrevido para volcarse al ataque y cuando se trataba de defender que no quepa la menor duda de:  que lo hací­a sin despeinarse.

«Viví­ en un barrio fútbolizado. Donde la prioridad era la pelota. El indor. Ahí­ nació este cariño por la redonda. Y como era de esperarse llegaron los intercolegiales donde logré destacar», comenta.

De su llegada a EMELEC cuenta que Eduardo De Marí­a cumplió un papel fundamental. «Me vio jugar y le gustó la manera de desenvolverme», manifiesta. «Al principio jugaba de delantero, luego de defensa hasta que me ubicaron como volante y la verdad que me sentí­ bien en ese puesto».

Fajardo fue considerado como el mejor jugador en su puesto, por varios años. Aquel desenvolvimiento lo convirtió en un í­dolo en la tienda azul.

Lamentablemente la lesión que sufrió lo alejó de las canchas. Lloró y sufrió. Pero la fuerza de voluntad y el deseo de retornar fueron la mejor ayuda que tuvo para recuperarse.

Dos operaciones -una en Guayaquil y otra en Madrid, España-, marcaron la vuelta del – Cabezón» a las canchas.

«La verdad es que creí­ que nunca iba a regresar al fútbol. Mi rodilla estaba hecha pedazos y mi voluntad personal por los pisos. Pero el apoyo familiar y el de las personas que estuvieron pendiente de mí­ fue valioso al momento de irme a España a recuperarme», asevera.

Los expertos dicen que la mejor virtud de Kléber, como futbolista, era estar siempre donde faltan los demás. Tácticamente muy disciplinado, técnicamente muy capaz.

Fajardo tuvo un paso fugaz por el Olmedo de Riobamba y se retiró en el Audaz Octubrino de Machala.

A la hora de armar su alineación ideal de cuando defendió a EMELEC no duda en ningún momento en formar con: Rodrí­guez, en el arco; Fraijoó, Hurtado, Tenorio y Capurro, en la defensa; Fajardo, Marcelo Morales, Verduga y Edú, en el medio campo;:  Avilés y De Lima, en el ataque.

De los Clásicos del Astillero se queda con uno donde Xavier Valdriz le atajó un penal a Tonihno Viera y aquello los dirigió al tí­tulo. Actualmente es técnico de fútbol, graduado en esta especialidad. Dirige las divisiones menores de River Plate con sobra de merecimientos. También es comentarista deportivo en radio Caravana, donde dice que descubrió un campo nuevo para él, pero que se le hizo fácil por la experiencia adquirida en la cancha.

En todo caso, Kléber Fajardo sigue gritando, ordenando y dirigiendo como en sus viejos tiempos.

Antonio Rodrí­guez
[email protected]
Subeditor Deportes

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