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La hinchada el adiós y las gracias

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viviama murillo estadio
¿quién comandará el ataque azul?

Otón Chávez Pazmiño |
El domingo 17 de diciembre, en el mes del nacimiento de Jesús en un humilde pesebre e hijo de un carpintero que nada tiene que ver con la opulencia del consumismo, también sucedieron cosas buenas en el fútbol ecuatoriano.

El Nacional, con todo merecimiento, se adjudicó el título máximo del fútbol nacional. Si sumamos todas las etapas que se jugaron en este año, los puros criollos se lo merecen sin ningún tipo de dudas.

Pero hubo otro equipo, uno que al comienzo su hinchada rogaba porque se mantenga en la categoría; mientras un puñado de muchachos se fueron juntando de la mano diestra de un buen conductor y terminaron, a pesar de lesiones y obligadas ausencias, con un remate categórico con su último rival en la liguilla.

Los que tenemos el hábito dominguero del fútbol, ese final llevó a una gran cantidad de fanáticos no obstante que EMELEC no disputaba ningún título sino que, luego se supo, estaban por gratitud a sus jugadores.

Gracias fue la palabra más escuchada en el Capwell dirigida a esos muchachos que poco a poco, juego a juego, se iban ganando el reconocimiento por la decisión, actitud, e ilusiones que ponían en el gramado para ganarse un sustento profesional que asegurara un pan para sus familias.

Emelec fue un equipo sin cracks, sin relumbres ni fulgores, pero que terminaron brillando con la grandeza de los humildes para exigir respeto que fueron retribuidos con las gracias tribuneras.

Sí, es verdad que tenían a Elizaga, Triviño, Carlitos Quiñónez y José Aguirre. ¿A quienes más?, esperanzas, nada más. Cuando Mondaini y Escalada llegaron a probarse no tenían antecedentes; se alivió en algo con Rivera que ya tenía pasta desde la Liga Lojana; los dudosos anhelos de Paredes y las incógnitas de Mercado, otros Quiñónez, Arroyo, Noboa y algunos que se me escapan.

Se enfrentaron a equipos más fogueados, con más dinero y más mezcla de juventud y experiencia combinadas, hasta lo que un hincha azul enfervorizado llamó a su equipo como un Jardín de Infantes.

La garra, el fervor, dio paso a una gran técnica de conjunto. Esa fue la mejor cualidad de EMELEC donde cada cual sabía el oficio de su colega para aprovechar sus virtudes y cubrir sus falencias. Fue equipo en el mejor sentido del concepto y también enormemente táctico gracias a Carlos Torres Garcés.

Duffer Alman los llevó a realizar muy buenos encuentros en la serranía y a jugar 90 minutos sin desmayos ¿y qué decir de Efraín Paredes y los demás colaboradores técnicos?

Aplausos para Ferdinand Hidalgo y su directiva. Muchos más aplausos para la enorme y gigantesca hinchada que sabiendo que no había título que disputar, se dio tiempo y espacio para estar siempre presente en las buenas y en las malas, junto a sus jugadores que tributaron un gran adiós a los que nunca posiblemente regresarán y gratitud a todos en este vicecampeonato donde fueron primeros en puntaje en la Liguilla final si no tomamos en cuenta la bonificación.


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