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La reventa, una historia repetida en cada Clásico

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Comerciantes ilegales vendieron entradas al doble del precio. Lo tenía todo fríamente calculado.

Al menos eso era lo que pensaba una mujer de unos 60 años, con el cabello tinturado de un tono entre café y rojizo, que intentaba ocultar inúltimente las canas el paso de los años le han dado, cuando intentó adquirir varias entradas en la boletería para las localidades de preferencia que conducen a la calle Pío Montúfar del estadio Capwell. ( Diario Expreso )

Desde las 08:00 los hinchas de EMELEC hicieron fila en la piscina del Centro Cívico para obtener las entradas del Clásico del Astillero.

La señora, vestida con una blusa verde desteñida y una licra negra, que permitían ver su rolliza figura, merodeaba por la piscina adyacente al Centro Cívico, en la calle Guaranda. Esperó el momento, que según ella creyó oportuno, y a las 11:00, aprovechó que un hincha se distrajo por unos segundos y se coló al principio de la fila.

Unos callaron con la astucia de la mujer, aunque ella no contaba con otro aficionado, quien sála delató como revendedora de entradas. – Señora, no sea ‘sapa’, no nos perjudique a quienes hacemos fila desde las ocho».

La mujer lo miró de reojo con enojo, con el enfado de haber sido descubierta, pero igual no se movía del sitio que había aprovechado de un despitado hincha.

Pero el reclamo del hombre, de unos 50 años quien en su rostro evidenciaba mala noche, siguió, pero con una frase demás: – Acá no existe fila para la tercera edad, váyase con su sapada».

Y la respuesta fue inmediata. – ¿Acaso tú sabes si vendo o no?». – Sí, yo te he visto vender a 20 dólares las preferencias, que en boleterías nos cuestan 10″.

La mujer no tuvo más remedio que retirarse de la fila empuñando varios billetes de un dólar en su mano derecha, no sin antes agredir, verbalmente las partes íntimas del tipo y luego a su progenitora, más una amenaza final: – ya te veré en otra calle».

No hubo susto en el rostro del hombre, solo una sonrisa que mostraba un diente menos, que posiblemente perdió en alguna riña callejera. Era un rostro de satisfacción por haber impedido que aquella agresiva mujer lo perjudicara a él y a otros hinchas más como Ricardo Acosta, quien apenas pudo comprar un tiquete porque la mayoría había sido cedida a los revendores.

Como esta revendedora de entradas hubo otros, quienes empezaron a merodear las boleterías desde las 04:00 y ofrecerlas al doble de su precio original. La idea de ellos era recuperar la inversión (unos 50 dólares por talonario), o más bien duplicarla en ganancias. No se podía precisar cuántos eran, quizás unos 60. Posiblemente más, probablemente menos.

Eran las 12:00 y las entradas para adicional de suite se habían agotado, pero se abría la boletería para socios. La cola estaba lista para ellos y alguno que otro revendedor que quiso colarse, hasta que alguien lo delató con el – Mi clase (a un policía), ese man ya estuvo como cuatro veces en otras filas». La ‘película’ se repetía, pero ahora con otros protagonistas (RVA)

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