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Nuestro buen amigo Lucio Calonga, que acaba de partir a la eternidad, logró concitar una rara unanimidad en los tiempos que corren: todos hablaban de él como de un excelente amigo, de una persona sencilla y sensible cuya alma nunca fue enturbiada por una fama que le llegó a raudales gracias a su habilidad de extraordinario futbolista.

Estuvo en Nueva York por última vez en julio del 2004 para enfundarse la casaca de EMELEC en el clásico del astillero de veteranos en el Parque de Flushing. Allí­ se reencontró con Felipe Mina, Galo Pulido, Juanito Moscol, José Vicente Balseca y Cirilo Fernández que habí­an sido sus compañeros cuando fue campeón nacional y de la ASO en 1965 y 1966, época del famoso Ballet Azul de don Fernando Paternoster.

En su natal Asunción, Calonga jugaba en el River Plate cuando fue seleccionado para jugar el Sudamericano de Bolivia en 1963. Tuvo como compañeros a Hermes González, Antonio Insfrán, Baldomero Amarilla, Claudio Lezcano, Mariano Osorio, Pelayo Ayala, Eliseo Insfrán y otros. Fue titular en todos los partidos y ayudó a conseguir el subtí­tulo surcontinental.

Ese mismo año llegó el Santos para jugar con el club de Calonga y a él le tocó bailar con la más fea: debí­a marcar a Pelé. Fue la más grande de sus noches pues logró neutralizar a quien era el mejor jugador del mundo.
A los pocos dí­as llegó Huracán de Buenos Aires para llevárselo por 20 mil dólares. Allí­ estaba cumpliendo su segunda temporada cuando llegó Paternoster a Buenos Aires. Amigos le recomendaron llevar al Ecuador a Calonga y éste se dejó convencer.

Llegó el 18 de marzo de 1965 y tres dí­as después jugaba un clásico amistoso en el Estadio Modelo. EMELEC alineó a Mageregger; Landázuri, Cruz Avila y Mina; Calonga y Carlos Pineda; Delgado Mena (Pulido), Jorge Bolaños, Raymondi (Balseca), Merizalde y Moscol. Allí­ mostró que cuando se juntan los que saben no hay necesidad de – adaptación”. Calonga y Pineda dieron un recital.

Cruz Avila decidió dejar su puesto de zaguero central para emigrar y Pineda se lesionó. Entonces Paternoster le dio la alternativa a Carlos Maridueña y bajó de cuarto zaguero a Calonga. Bolaños pasó a ser volante junto a Cachito Magri y la novedad en la delantera era un paisano de Lucio: el goleador Avelino Guillén.

En 1966 llegó Cirilo Fernández. Se fue el – Loco” Balseca y lo sustituyó Delgado Mena. Ely Durante, brasileño, ocupó el lugar de Guillén y nuevas figuras aparecieron: Alex Terán, Ví­ctor Ramos y Paco Sotomayor.

Jugó Calonga dos temporadas y sumó dos tí­tulos. Dejó en la memoria de todos los ecuatorianos su inmensa categorí­a de jugador. Fue tentado por el equipo Los Toros, de Los Angeles, y allá se fue con Ely Durante. Es el cuarto zaguero en el equipo ideal de todos los tiempos del fútbol de California.

Nunca faltó a una cita en el Parque de Flushing cuando llegaba la época de los Clásicos del Recuerdo. Uno veí­a al – Loco” Balseca, a Cirilo, a Moscol, a Pulido y sufrí­a porque el tiempo no pudiera volver para verlos en la plenitud de sus condiciones.

Ese inmenso corazón de buen amigo, buen hermano, buen esposo, le ha fallado por única vez. Y Lucio ha pasado a ser un amable recuerdo de tiempos mejores.

Autor : Ricardo Vasconcellos

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