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Michael Arroyo revela los traspiés que tuvo por las drogas

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macara emelec
macará 2x2 emelec – otro buen partido de marlon

Maldito fumón, marihuanero y drogadicto. Esos fueron algunos insultos que Michael Arroyo, mediocampista de 21 años del Emelec, asegura haber recibido luego de que el año pasado un control antidopaje revelara que consumió marihuana.

«Sí­ consumí­, pero no soy drogadicto. Mi reputación está sucia», explica el jugador que en septiembre pasado fue sancionado con dos años de suspensión y luego, por una resolución del Congreso Ordinario de la Ecuafútbol,: debió cumplir solamente seis meses: de castigo.

Hoy, Arroyo ya viste de nuevo la camiseta azul y es una de las cartas fijas del DT Aní­bal Ruiz. Su retorno ocurrió en el último clásico del Astillero, hace dos semanas en cancha de Barcelona. En ese partido, el volante se destacó.

Durante su castigo, Arroyo experimentó un «renacer espiritual» que llegó mientras asistí­a a la clí­nica de rehabilitación Senderos de Vida. Allí­, él:  estuvo internado dos meses por orden de la dirigencia azul.

«Fue duro. Pero a medida que iba escuchando las charlas, recapacité. En la clí­nica te sientes relajado, descansas y tienes el tiempo suficiente para reflexionar».

Arroyo pensó que si seguí­a consumiendo marihuana, el futuro de su hija Anahí­ Aidé, de un año y siete meses de edad y en:  su esposa Wendy Preciado, de 23, se verí­a comprometido. «Lloré y sabí­a que no las podí­a dejar solas».

El apoyo de su madre Rosa Mina, también ayudó, reveló a este Diario. «Mejor que te esté pasando esto ahora y no de más viejo», fue la frase para su hijo.

Arroyo asegura que su ví­nculo con la marihuana «no es de mucho tiempo» y que nadie lo indujo a drogarse. «Un dí­a le pedí­ a un amigo, me dejó probar y:  me gustó. Lo que pasa es que vivo en un barrio: un poco dañado», confiesa.

Arroyo habita en Las Malvinas, un populoso sector al sur de Guayaquil. Pronto, el jugador y su familia habitarán una casa en La Alborada, al norte de la ciudad.

«Ya le conseguimos una la semana pasada, pero no le gustó», afirma: Jorge Bonard, miembro de la Comisión de Fútbol de Emelec.

El directivo dice que el club nunca descuidó al jugador y que «recuperarlo fue una prioridad». Bonard, junto a Patricia Sahona, de las divisiones menores de Emelec, dialogó desde finales del año pasado con Arroyo. Ambos lo convencieron de que debí­a reconocer su problema para empezar a recuperarse y luego jugar.

El apoyo vino desde la dirigencia pasada. En el 2007, el entonces presidente Omar Quintana, se comprometió a ayudarlo.

Arroyo aún asiste a rehabilitación dos veces por semana. «Me siento fortalecido y me entreno alegre. Sé que la droga no es felicidad y que la marihuana estuvo a punto de acabar con mi carrera».

via : Diario El Comercio

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