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Por: Diplomático Azul

El fútbol es indudablemente el deporte más popular del planeta. De ahí se explica que la copa del Mundo sea más vista que las mismas Olimpiadas, las cuales conmemoran el deporte en toda su dimensión.

Competencia deportiva

Precisamente, el espíritu de las competencias deportivas es permitir a los seres humanos demostrar destrezas, habilidades, resistencia, estrategias, entre otros factores. Desde siempre, el deporte fue un instrumento de la paz, permitiendo la sana competencia entre rivales que compiten bajo las mismas condiciones. La supremacía de un competidor o de un equipo no se da por la coyuntura, sino más bien por la constancia e importancia de triunfos.

En otras palabras, un equipo puede ganar un torneo porque su potencial combina con su estrategia para aprovechar las debilidades deportivas del rival, en perfecta armonía con las condiciones de la competencia, no necesariamente porque sea el mejor de la historia.

Triunfos obtenidos

Es necesario entonces, reconocer triunfos y logros cuando estos se han obtenido con honor. Esa filosofía, de la que muchos somos seguidores, es aquella que permite que los estadios en muchos países hayan eliminado las molestosas mallas y barreras que impiden apreciar en plenitud el espectáculo futbolístico. Lamentablemente, en nuestro País, estamos lejos de conseguir un logro de esa magnitud.

El fútbol es una actividad que debería ser de caballeros, pero que bajo el pretexto del fanatismo, la intolerancia, el racismo, el regionalismo, la revancha y la deslealtad se ha convertido, en ocasiones, en la afrenta de unos cuantos.

Representantes de clubes

Quiero referirme a las eternas discusiones en la Federación Ecuatoriana de Fútbol. Parecería que el caballito de batalla de los representantes de los clubes es entorpecer lo que haga el resto. Impedir que se aplace un partido local cuando un equipo está en un torneo internacional es el plato del día; los buitres nunca faltan. Lo único que aquello consigue es desencadenar un espiral de venganzas, por las que quienes inician esta desleal pelea ni siquiera deberían reclamar, pero igualmente lo hacen. De ese proceso lamentablemente, no existen ganadores sino perdedores.

Por un lado se encuentra el equipo – supuestamente ganador”, que toma ventaja desleal de su rival y por otro el – perdedor”, que se ve forzado a aceptar la decisión de un organismo que se presta para atender pedidos individuales en lugar de medir a todos con la misma vara, en beneficio del fútbol nacional. Todo lo anterior se suscita bajo pretexto del – debido proceso y el respeto a los plazos contemplados en el reglamento”, el cual se usa a conveniencia de los interesados.

No hay promesas

Ya no existen los pactos de caballeros ni los arreglos en la mesa luego de las conversaciones de las partes. Ya los clubes no buscan arreglar las cosas de manera pacífica, sino que van directamente a buscar la sanción o el daño para el contrario.

Esto me lleva a los episodios acontecidos entre Liga de Quito y Deportivo Quito. Tanto la canción entonada por Santiago Ribadeneira cuanto el video transmitido, con autorización de Rodrigo Paz, me parecen cuestiones normales si se tiene en cuenta la rivalidad que históricamente han tenido ambos equipos. Ambas acciones son bromas, de mal gusto, pero siguen siendo bromas, para las que una disculpa pública, como las que se dieron en ambos casos, debería ser suficiente.

Nueva actitud

No queda duda que la actitud del Deportivo Quito es una retaliación contra Liga por la sanción impuesta a su ex presidente. Por ello, como dije anteriormente, quienes iniciaron este espiral de ataques no deberían reclamar y deben aceptar las consecuencias de lo que ellos iniciaron. Abro un paréntesis para incluir un agravante del proceso, las declaraciones de Rodrigo Paz, respetable dirigente, de quien pienso que se le fue la boca esta vez, pues lo único que logró fue exacerbar los ánimos. En fin, mientras no haya voluntad de dejar atrás el fanatismo, los dirigentes seguirán a la espera de oportunidades para hacer daño al rival.

La deslealtad con la que algunos dirigentes obran se ve reflejada en el aumento del odio por el equipo contrario por parte de los hinchas, rayando inclusive en el regionalismo, que es un mal que nuestro País está lejos de superar.

Esto ha llevado a que los logros de los clubes no sirvan para adornar sus vitrinas y dejar en alto el nombre del País, sino para humillar a los equipos que no han tenido logros similares. El resultado es una incomprensible (a pesar de que las razones que expongo son justificaciones suficientes) falta de apoyo e inclusive malestar en muchos hinchas cuando un equipo ecuatoriano que no es el de ellos tiene un buen desempeño a nivel internacional. En esto tiene también mucho que ver la prensa sensacionalista y parcializada que, a pesar de saberlo, no mide el efecto que sus comentarios y enfoques tienen sobre los hinchas.

Me parece que la FEF debería ser un órgano que dirima en beneficio del fútbol del País, pues el desarrollo futbolístico no se concentra en lo que pueda hacer únicamente la Selección, sino en los logros que se pueden obtener a nivel continental por parte de los equipos. La FEF debería instar a los dirigentes a tratar de resolver los temas de manera amigable, antes de llevarlos a instancias del Comité Disciplinario. Este organismo es el único que puede parar la venganza entre clubes, justamente no prestándose para resolver asuntos de menor importancia. Convendría que la FEF se preocupe más por buscarle técnico a la selección y por preparar las participaciones en Copa América y en las Eliminatorias al Mundial de Brasil.

Soy testigo de que entre EMELEC y Barcelona, equipos cuya rivalidad es aún más antigua, han pasado cosas peores, pero no recuerdo que se hayan magnificado a tal punto. Es más, las bromas continuarán porque, hasta cierto punto, son la forma de ponerle sazón al fútbol, pero asimismo, debe haber tolerancia. La rivalidad debe ser sana, sin odios, sin golpes, sin revanchas. Así resuelven las cosas los animales.

Quisiera que llegue el día en que las barras se sienten a ver los partidos sin mallas de por medio, reconociendo cuando el rival sea superior y alegrándose por los logros de otros clubes ecuatorianos. Asimismo, anhelo ver a los hinchas resolver sus diferencias sin golpes, sin hacer daño a la hinchada contraria y sin que los titulares de los diarios resalten, en lugar del alto nivel futbolístico, los daños materiales en los estadios y las pérdidas humanas por enfrentamientos entre barras.

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