Tenía 10 años cuando entendía mejor lo que era el fútbol entre todos los deportes para la gente y el significado de identificarse con un equipo en particular, los mayores te decían – eres Emelexista o barcelonista”, ya para esa edad también sabía que algo no estaba bien con un nombre que parecía copiado de otro continente.

Crecí en Manta, mi padre en esa época de decía hincha del Delfín, recuerdo ese 12 de diciembre del 1993 como ayer, él me llevo a ver a EMELEC, yo ya lo veía por televisión, Juan Carlos de Lima era una especie de superhéroe para mí en esas pantallas. Hubieran visto ese día como se transformó Manta, en un santuario del Emelexismo, miles de personas en las calles, todo el malecón de todas partes del Ecuador, principalmente de Guayaquil; lágrimas de alegría, algarabía y el color azul que se fundió con el mar, Bombillo mi viejo amigo, en Manta ¿¡Cómo no te van a querer!?

Referentes de mi afición

Ya llevaba tatuado a mi equipo en el corazón, sin embargo, habían sólo 2 personas en el mi mundo que lo amaban más que yo, Don Antonio Joniaux Avalos y Stefano Jairala Villacreses, mi abuelo y primo (mejor amigo). Don Antonio, que disfrutaba mucho el fútbol y otros placeres de la vida, tenía para esa época una condición cardiaca, era un domingo de campeonato nacional cuando me llamo a su lado y me dijo: – Carlitos, yo ya no puedo a EMELEC, el doctor me prohibió ver el fútbol porque no puedo tener emociones fuertes, por eso te pido que lo veas por mí, que grites los goles por mí, que apoyes por mí de ahora en adelante”, esas palabras fueron sin duda una marca de vida.

Stefano por otro lado tenía un conocimiento tan amplio de la historia del equipo, del fútbol y lo que yo vi como mayor virtud, el poder sobre el eterno rival, me decía: – Cuando vamos al estadio, somos nosotros los que hacemos los goles hijue… podemos perder con cualquiera, menos con ellos, no son nadie, nosotros somos EMELEC, el papá” Cuantas puñetizas pasamos por el bombillo con mi primo, un loco.

Emelec, un amor grande

La vida es tan incompresible, para 1997 mientras estaba en el colegio había recibido dos llamadas de mi mamá, en la primera me dijo: – Hijo, tu abuelo no resistió el tratamiento regular de su corazón y falleció en estados unidos, llega mañana para ser sepultado en Guayaquil” lo primero que pensé fue en el único pedido que él me hizo en vida. Pocos meses después una nueva llamada de mi madre al colegio que decía: – hijo, tu primo estaba haciendo carreras en el auto y se chocó bajo un bus mal estacionado, ahora está en coma en la clínica” Pocas semanas después falleció también.

Apoyar a EMELEC para mí es algo muy especial, es mi vínculo con dos seres que se fueron antes de tiempo. Humildemente comparto esta historia con mis hermanos azules, porque nadie ama igual que un Emelexista y yo tengo el compromiso de vida de hacerlo siempre por tres, mirando al cielo en las buenas y en las malas.

Autor : Carlos Joniaux

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