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< "403080">Hermanos azules, esto apenas comienza
No hay que desanimarse, hinchas eléctricos, que el futuro está en nuestras manos

Dice el refrán que árbol que nace doblado jamás su tronco endereza, y la trayectoria de este EMELEC 2007 no hace otra cosa más que ratificar el adagio.

A pesar de haber terminado cuarto en la segunda etapa, el equipo dirigido por Carlos Torres Garcés, Humberto Pizarro y Carlos Sevilla no pudo superar el lastre de una vergonzosa primera mitad del torneo y se quedó fuera de la fase final merced al acumulado.

Una sumatoria que favoreció por 8 puntos a un Deportivo Azogues que se mostró incapaz de siquiera empatar en casa con el descendido Imbabura. Sí­, ante ese mismo once de Zura, Neculman y Costas que hizo volar dos puntos vitales del Capwell con la inestimable ayuda de José Carpio.

Experimento

El repunte experimentado por el equipo a mediados de la segunda fase no sirvió para maquillar una temporada nefasta. La directiva no pudo retener a la base subcampeona de 2006 y apenas alcanzó a formar un grupo que con muchos problemas hací­a respetar su condición de local y dejaba una imagen paupérrima como visitante.

Colistas

en la primera etapa, en la segunda se dependió en exceso de la inspiración personal de dos ilustres veteranos como Marcelo Elizaga y Carlos Alberto Juárez, cuyos aciertos y errores definieron en gran medida los resultados del Ballet. Hoy ninguno de los dos tuvo su dí­a y no hubo variantes que lo compensaran.

Temblaron las piernas

Ganar el último clásico en el Salado produjo en filas azules una relajación que terminó siendo nociva. De los siguientes 15 puntos únicamente se consiguieron 4.

El equipo se sintió clasificado con demasiada antelación y no tuvo la madurez suficiente como para superar golpes aní­micos como el ya famoso autogol de Asprilla, o los nefastos arbitrajes de los señores Vera, Alarcón o Carpio. Poco a poco se fueron despilfarrando las ventajas de un calendario que parecí­a excesivamente benigno en la recta final, pero que le quedó grande a los hombres de Carlos Sevilla, a quienes las piernas les temblaron como flanes, fí­sica y psicológicamente, en los momentos decisivos.

Emelec se queda fuera de la liguilla a 8 puntos del Azogues en el acumulado, a 3 del Quito y a 7 de la Liga en la tabla de la segunda etapa. Una distancia que, aunque parezca enorme, fue plenamente remontable durante los últimos partidos del campeonato. Recibir al Quito y al Imbabura y visitar al Azogues, el Macará y El Nacional para acabar solamente con 4 puntos no tiene nombre. O sí­ lo tiene: fracaso.

Un ciclo decepcionante

La finalización anticipada del año futbolí­stico debe traer consigo la aplicación de serios correctivos en el funcionamiento de esta entidad histórica llamada Club Sport Emelec. Clasificar solamente a una liguilla en los últimos cuatro años es una estadí­stica humillante para un equipo que por sus antecedentes está llamado a otra cosa.

El ciclo de las directivas Ponce-Quintana-Arosemena-Hidalgo, empezado en 1994, llega a su fin (o no) con nada más que 3 tí­tulos en 15 torneos realizados. Un bagaje decepcionante comparado con el de la directiva anterior, que entre 1988 y 1993 obtuvo 2 coronas, 1 subcampeonato (el polémico torneo de 1989, que pudo y debió ser la tercera) y 2 terceros puestos (1990 y 1992), con un presupuesto infinitamente inferior al que han manejado los dirigentes de esta ya larga etapa.

Los entusiastas Neme, Guzmán, Lasso, Felman y Wated, entre otras cabezas visibles de ese inolvidable lustro, no contaron con la inyección de millones de dólares provenientes de la venta de jugadores como Iván Hurtado, Ariel Graziani, Iván Kaviedes, Otilino Tenorio o Jefferson Montero. Una gestión que con más dinero obtiene peores resultados es cualquier cosa menos eficaz.

Que no cunda el desánimo

Queda en la conciencia de los aficionados determinar si Emelec ha tocado fondo o no en esta caí­da al vací­o de las últimas temporadas y si ha llegado el momento de un cambio. Las elecciones, que a falta de confirmación oficial se especula que se realizarán en noviembre, darán la oportunidad a los socios de calificar con la voz de sus votos la gestión de los directivos actuales. Los hinchas, tengan o no la calidad de socios, deberán mantenerse vigilantes del desarrollo del proceso electoral y desde esta página así­ lo haremos. Lo peor que puede pasar es que cunda el desánimo y los aficionados desconectemos para pensar en otra cosa. Si nos descuidamos, la historia se repetirá.
En manos de todos está lograr que este aciago domingo 7 de octubre se convierta en el primer paso de un ciclo memorable. De nosotros depende que esta fecha deje de ser el final de la temporada 2007 para convertirse en el inicio de la 2008, la primera de la etapa más brillante de la historia deportiva del Ballet Azul. No te desanimes hincha azul, que el futuro está en nuestras manos.

EL DEFENSOR AZUL

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