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por : Xavier Jose Munoz Aray. Envia tu editorial al

Al parecer resaltar los logros del equipo cuando juegan bien no es suficiente para levantar la autoestima de los jugadores. Lo que sucedió en el partido contra liga es realmente vergonzoso. No se a quién debemos dar gracias por que no hayan aprovechado todas las oportunidades que ellos tuvieron. Lo que está claro es que el equipo no hizo nada por que el resultado sea menos abultado.

Hablábamos de lo bien que nos fue jugando a ras de piso, marcando con presión, entregando bien el balón, aprovechando las oportunidades, etc. Parece que eso sólo funciona cuando jugamos en casa porque a estas alturas, partido de visitante ya no es partido perdido, es partido perdido y por goleada. Ya van dos seguidos en que nos pasan 3 goles y no nos pasan más porque no los convierten.

Me pregunto por qué la inconsistencia en nuestro juego? Parecerí­a que se hubiera cambiado a todo el equipo y sin embargo es el mismo equipo que goleó contundentemente al Cuenca hace nada más 4 dí­as. Qué sucede en 4 dí­as para que el cambio sea tan drástico? Es evidente lo que otros editorialistas y crí­ticos han señalado sobre la preparación fí­sica. Haciendo cuentas, nos toca jugar al menos 16 partidos en el año en la altura. Me pregunto entonces por qué no se hace lo que alguna vez le dio resultado a Torres Garcés: una pretemporada en la altura.

Las Barcelocas no son un mejor equipo que nosotros y sin embargo, no salen goleados en la altura. Es más, muchas veces regresan con puntos. Por qué nosotros no podemos? Viendo la actitud del equipo en el segundo tiempo me pregunto si más conveniente hubiera sido quedarse en el camerino y pagar una multa para no perder todo lo que se ganó el miércoles pasado. Son palabras duras, pero definitivamente no hay entrega. No vamos a llegar a ningún lado a menos que comencemos a sacar puntos de visitante. Ganar en nuestro estadio es una obligación, un deber. Ganar fuera no es una aspiración, debe convertirse en un logro.

Lo único rescatable del partido fue la hinchada. Cantando nuevamente hasta el último minuto, a pesar de ir perdiendo por 3 goles. Coincido en que el sacrificio de la hinchada (que si notamos fue en muy buen número) no está siendo considerado debidamente por el equipo. El ver a la hinchada gritando de esa manera deberí­a al menos inspirar garra en el equipo para que luchen hasta el último y no hasta los 10 minutos del segundo tiempo. Los jugadores se están arriesgando a perder algo que ningún otro equipo tiene: una hinchada que lo sigue donde sea, no como otras que van sólo cuando su equipo juega en la ciudad donde vive. Los emelexistas guayaquileños siguen a su equipo desde Guayaquil y se complementan con los hinchas oriundos de la ciudad donde el bombillo juega.

No es justo que se juegue con las ilusiones y el esfuerzo de una hinchada. El cuerpo técnico y los jugadores cobran por representar al equipo. A nosotros los hinchas nadie nos paga por ir al estadio. Vamos por amor, amor verdadero, amor infinito que no depende del dinero. Ese amor sin embargo, pide logros y pide entrega a aquellos por quienes nos rompemos la garganta cada domingo. Es hora de que se honre nuestro esfuerzo.

Xavier Jose Munoz Aray

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