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Otra vez. Sí. Otra vez. La pesadilla se repite. El dolor se dilata en la incomprensión. Parece que aprendimos nada. Y vuelve a suceder. Me estremezco. No alcanzo a dimensionar el dolor de aquellos padres, hijos, hermanos o esposas que han perdido a sus seres queridos en un nuevo accidente de tránsito que involucra, otra vez, a hinchas del Barcelona Sporting Club.

Otra vez en una carretera, otra vez en un bus, otra vez en el camino de retorno a casa. ¿Por qué otra vez?

Soy hincha de Emelec de siempre, periodista, pero ahora, por estos años en curso, alguien que trabaja directamente con las personas, motivándolos a que sean cuidadosas, a que cambien sus hábitos en materia de tránsito y seguridad vial, a demostrarles que pueden ser mejores y que lo que hacen o dejan de hacer influye en todo. Y una noticia así me entristece. Me frustra. Me indigna. También soy víctima de los accidentes de tránsito, porque en ellos he perdido familiares muy cercanos y amigos.

Soy de aquellos que acompañaron al bombillo a tantos estadios en el país, de aquellos que viajaron en buses que se quedaban dañados a medio camino, a veces, en media cordillera, a veces, en media pampa, de aquellos a los que poco le importaban viajar con seguridad. Todo era amor al bombillo y acompañarlo a donde fuera. Pero esos días pasaron, porque tarde o temprano, todo eso pasa, menos el amor al equipo.
Morir por un equipo jamás debe ser una condecoración.

Nadie debe morir por algo así. Pero pasa. Vendrán las preguntas, quedarán respuestas sin responder y abrazos partidos que nunca volverán a cerrarse. No dejo de pensar en las familias de los barcelonistas heridos, de los fallecidos. ¿Un partido fútbol vale una vida? Si usted piensa que es así dígame cuántas… Para mí, ¡ni una!

Seguiremos viajando a los estadios, estén muy lejos o demasiado cerca. Ahora mismo, mientras escribo estas líneas en repudio al accidente que costó la vida de ocho barcelonistas en una carretera de Perú, a pocos minutos de llegar a Máncora, pienso en las decenas de azules que precisamente ahora mismo viajan a la capital de Machala, donde el bombillo debutará en la Liga Pro 2020.

La hermandad también se forja en las aventuras, en las anécdotas, en las tragedias evitables que pasan incomprensiblemente. Y sobreviviremos así al dolor, al día a día. Pero nada podrá traer a casa a aquellos que se aventuraron a jugársela por un apoyo que solo ellos podían sentir.

Aquí no hay camisetas que nos diferencien. Todos somos un solo sentimiento. En una muerte así no hay gloria, solo dolor. Mis oraciones para los hinchas de Barcelona, que sienten la pérdida de ese hermano de barra, de equipo. Para los familiares, en especial, para quienes las preguntas solo encontrarán respuesta en Dios.

Un partido de fútbol, jamás puede canjearse por la muerte. Jamás.

Por: Daniel Solórzano Salazar
@dani_solorzano

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