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Los Wila ya abrieron su regalo

El mejor regalo para los hermanos Wila es volver a pasar una Navidad juntos. Este año lo podrán hacer en Guayaquil, pues el primero firmó por EMELEC y el segundo juega en Rocafuerte.

Polo y Lení­n aseguran que ya recibieron su obsequio de Navidad. Este año el fútbol los volvió a unir.

¿Quién vive aquí­?, pregunta el volante de contención eléctrico, Polo Wila, al ingresar a su casa, ubicada al sur de la ciudad, en la Cooperativa Covitap, luego de un largo dí­a de entrenamiento con los azules. Sus pequeños sobrinos, que no superan los tres años, se limitan a mirarlo con sus enormes ojos redondos, luego tratan de abrazarlo, pero como no son tan altos solo alcanzan a sostenerse de las piernas del futbolista, dándole así­ la bienvenida.

El volante mixto decodifica el gesto como un “hola tí­o”, entonces él mismo se responde “pues aquí­ vive Polo Wila y un poco de negritos”, tras lo cual lanza una carcajada, la cual se mezcla con una salsa romántica, que emite en ese momento la radio de su moderno celular.

Es que lo más importante para el ex Deportivo Cuenca es que este año volverá a pasar una Navidad en familia, cosa que no ocurrí­a desde el 2003, cuando su hermano Lení­n salió del equipo – morlaco”, en busca de una nueva oportunidad.

“Desde el 2003 no pasamos una Navidad juntos, la última vez que lo hicimos fue en Cuenca. Por cosas del fútbol -empezaron a jugar en diferentes equipos- no hemos podido volver a hacerlo, pero este año estoy muy contento, muy contento, porque gracias a mi traspaso a Emelec, lo vamos a poder hacer”, repite Polo, quien se hizo un autorregalo en estas fechas, pues ahora tiene casa propia.

“Hoy por hoy cumplí­ uno de los objetivos que me tracé hace mucho tiempo, que era el de tener casa propia y pasar una Navidad en ella junto con toda mi familia. Eso me llena mucho de alegrí­a”, revela el mediocampista, quien firmó con el – Bombillo” por 5 años.

Un cartel blanco con letras rojas que reza: “Se Vende”, en la fachada de su nueva casa, no lo deja mentir. “No he tenido tiempo de sacarlo, ya mismo me llaman a preguntar cuánto cuesta y yo recién la compré hace dos dí­as”, comparte Polo.

Así­ como el fútbol se encargó de separarlos, el mismo fútbol es el responsable del reencuentro de estos futbolistas que se formaron en las divisiones inferiores del – Expreso Austral”, bajo las órdenes de Paúl Vélez, y que este año volvieron a la ciudad que los vio nacer: Guayaquil.

“Yo salí­ del Cuenca, porque no me daban muchas oportunidades. De ahí­ pasé por el Huaquillas, Patria y este año jugué en Rocafuerte FC, equipo con el cual se consiguió ascender a primera “B”. Lo bueno de todo esto es que ahora los dos estamos juntos otra vez en Guayaquil”, revela Lení­n, quien no se desprende de su gorra café, sobre la cual resalta un feroz tigre.

Los hermanos Wila-Cangá no escatiman en regalar una sonrisa, cada vez que se remontan a aquellas primeras navidades, cuando sus padres escondí­an los regalos para que no los descubrieran antes del 25 de diciembre.

“Claro que hemos hecho travesuras. Es más me acuerdo de una navideña, eso sí­ no sé qué edad habremos tenido. Bueno, la cosas es que descubrimos el escondite de mis papás y nos adelantamos a la entrega de los juguetes. Y, antes de que sea la hora de Navidad, ya los tení­amos dañados”, suelta Lení­n.
Polo trata de no caerse del brazo del sillón sobre el cual se encuentra sentado, ya que no puede contener la risa, y complementa el relato de su hermano menor. “Creo que los regalos eran una moto y una volqueta. Estaban guardados en una funda debajo de la cama y encima habí­an puesto un tanque. La verdad es que éramos unos destructores”.

Otro rasgo en el que coinciden es su amor por la comida, incluso, su padre -Gurlinton Wila-, a quien apodan el – chef”, lo corrobora. “A mi papá le sale un encocado de pavo que es afrodisiaco”, confiesa sin tapujos Polo, quien le dice que comparta la receta.

“Bueno”, dice don Gurlinton, tras – sonarse” los dedos, como soltándose, pues ya entró en confianza. “Eso es fácil, primero hay que matarlo, ¿verdad?, luego se lo adoba bien bonito, se lo limpia con el cuchillo por todos los lados, porque es grande, se lo pone en un recipiente con aliño, se lo mete al horno y se lo deja ahí­ de 35 a 40 minutos a 360 grados”, cuenta como todo un experto.

“De ahí­ viene lo bueno. Lo saca, lo parte en pedazos y le pone la leche de coco, lo deja otros 5 minutos y ya está”, agrega don Gurlinton, quien a parte de ser – chef” dice ser un nueve neto.

“¿Sabe por qué estos chicos son buenos para el fútbol?, porque jugaban indor en el barrio Jacaranda, que queda en el suroeste de Cuenca, conmigo. Yo era el centrodelantero del equipo, el goleador”, manifiesta muy seguro de sus palabras, lo que desata la risa en la sala de los Wila.

Eso sí­, no podí­an salir de la casa a jugar pelota sin el consentimiento de su padre.

“Un dí­a este Lení­n esperó a que me durmiera para escaparse a jugar a la esquina. Yo que me levanto y me doy cuenta de que no está, abro la puerta y lo veo equipadito. Ahí­ mismo le metí­ unos palazos en la calle y comenzó la correteadera. Es que eran las diez y media de la noche, y uno tiene que cuidarlos sino ahora no fueran estos muchachotes”

Al parecer la sangre futbolera ya es una marca de familia, pues son parientes de Darwin la – Metralla” Caicedo.

“Somos parientes de él por parte de padre y de madre. Nosotros somos Wila-Cangá y el es Caicedo-Wila. Mi papi es hermano de la mamá de la – Metralla” y mi mami es prima de la mamá de Darwin. Todo queda en familia”, explica Polo haciendo un juego de palabras, que deja al resto de los presentes en la sala con un signo de interrogación en la mente -más que confundidos-.

Pese a ser hermanos y casi tener la misma edad -Polo tiene 21 y Lení­n 23- estos dos guayaquileños, quienes transformaron el fútbol en su pasión, dicen ser totalmente diferentes en cuanto a su temperamento, así­ lo afirma el mayor de los Wila.

“Él tiene algo que…, él es bien carismático. En cambio yo soy muy bravo, siempre ando haciendo rabietas. En resumen, soy muy mal genio y él no. Polo todo lo lleva con gracia”.

Incluso Lení­n se anima a contar una de las andanzas de su hermano.

“Yo jugaba en la Sub 18 y él en la Sub 16 del Cuenca y nos fuimos a Manta a disputar un torneo. Yo desde el hotel lo veo que se va caminando dizque a tocar al mar y al ratito se me desaparece de la vista. Puede creer que a la media hora regresa en un carro de la Policí­a muerto de la risa porque le habí­an robado”.

Entonces Lení­n hace una pausa, se vira y se queda viendo a su hermano, quien estaba sentado en el mismo sillón, como preguntándole, por qué lo hizo; luego de unos momentos retoma su relato.

“Le habí­an robado los zapatos a él y a un amigo, pero en vez de estar asustado, estaba feliz: “Huy me robaron, mira que ni se qué”, me dijo. El – profe” Paúl Vélez, quien siempre ha sido cariñoso con nosotros, le prestó un par de zapatillas hasta que llegáramos a Cuenca”, agrega Lení­n.

Polo, quien estrenará casa nueva con una reunión familiar para Navidad, ya cuenta las horas para sentarse a la mesa y degustar junto con los suyos un encocado de pavo cocinado por el – chef” del hogar: su padre.

POLO WILA
Volante mixto, Emelec.

“Estoy muy contento, porque gracias a mi traspaso a EMELEC voy a poder volver a pasar una Navidad con mi hermano y mi familia”.

LENíN WILA
Delantero de Rocafuerte FC.

“Hubo un año en el que encontramos los regalos antes de tiempo y cuando llegó la hora de la Navidad ya los habí­amos dañado”.

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