estadio capwell : el renacimiento de emelec

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“Mi tío me ve desde el cielo”. El sueño de don Arturo era que su sobrino juegue en Emelec, el equipo de sus amores. No alcanzó a vivir para verlo y hoy, 16 años después, le hace barra al joven desde – allá arriba”. El volante – azul” atraviesa un buen momento.

Aunque algunos hinchas – azules” todavía se pregunten quién es Wimper Guerrero, el volante no cree que sea un total desconocido del fútbol, más bien considera que la gente le ha perdido un poco el rastro.

Guerrero, una de las gratas revelaciones del torneo 2006, se hace un nombre en filas – eléctricas”, gracias a su buen desempeño como volante de marca. Resulta que este babahoyense, de 24 años, fue seleccionado nacional Sub 17, Sub 18 y formó parte de la preselección Sub 20. Jugó en Santa Rita por tres años y dos más en el Venecia (Segunda).

SUS INICIOS

“Empecé jugando en un equipo amateur de Babahoyo: Independiente. Luego pasé a Río Babahoyo, después a Segunda y ahora Emelec”, explica el polifuncional elemento que antes se desempeñaba como central y marcador izquierdo.
Llegó a EMELEC por intermedio de Joaquín López, quien estuvo de asistente de Dussan Draskovic. Le preguntó si quería probarse en el cuadro eléctrico, aceptó y el resto es historia.

“AZUL” DE CORAZÓN

Wimper Orlando siempre fue hincha de Emelec, desde bien chiquito. Recuerda con facilidad la época del 90, cuando su tío ArturoGuerrero (+), quien también fungía de padrino, lo llevaba al estadio Capwell para observar al – ballet azul”.
Fueron a ver partidos juntos pocas veces, pero eso bastó para que dentro del corazón de Wimper se forme ese sentimiento – azul” en la sangre. Desde ahí se enamoró de Emelec.
“Él es culpable de que sea hincha eléctrico (sonríe). Cuando tenía 7 años me traía al estadio y poco a poco me inculcaba lo que era la historia del equipo. Tuve la oportunidad de ver dos clásicos y eso fue suficiente”, dice. Arturo, el tío, era de Guayaquil y cada vez que iba con su sobrino al Capwell le preguntaba con insistencia sino le agradaba la idea de jugar en el – Bombillo”.
Por más que intentaba lavarle el cerebro nunca recibió una respuesta de Wimper. – Me decía: vente a jugar en Emelec, es un equipo grande, yo hablo con alguien en el elenco y te hago jugar, anímate”.
Pues resulta que el motivo de su indiferencia solo tenía que ver con dos cosas: su corta edad y el asombro que le producía tal proposición.
“No sé realmente, era muy pequeño en ese entonces, no dimensionaba lo que era jugar en un club grande del Ecuador, no sabía mucho”, afirma.

ASÍ ES EL DESTINO

Quién hubiera creído que el sueño del tío Arturo se convertiría en realidad 16 años después. Lamentablemente no vivió para ver a su querido ahijado vestir la – gloriosa azul” y hacer rodar la pelota en su tan amado estadio Capwell.
“Quisiera que estuviera vivo, me muero de ganas de que mi tío me vea jugar desde las gradas”, dice mientras desvía su mirada hacia las diferentes localidades del estadio como buscando el sitio donde ambos disfrutaban de 90 minutos que nunca volverán a tener el mismo significado para él.
Que Arturo Guerrero haya fallecido y haya dejado de acompañar físicamente a su sobrino no significa que Wimper se sienta abandonado por completo. El volante sabe que desde – allá arriba” su difunto tío le hace barra. – Cuando juego siento que me ve desde arriba y me guía”.

GUERRERO AGUERRIDO

Haciendo honor a su apellido, Wimper cree que su principal fuerte en la cancha es ser un guerrero aguerrido.
No le gusta compararse con otro futbolista. Es de esos que piensa que cada jugador es auténtico. – Soy Wimper Guerrero y nadie más”, afirma.
Tampoco está solo en el mundo: tiene a sus padres con vida, una esposa de 25 años y una hija de 5. Todos viven en Babahoyo. Estudiaba Cultura Física en su tierra natal, pero solo llegó hasta segundo año porque la universidad se fue de paro y necesitaba jugar.

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