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Ángel Mena impidió que Barcelona se saque el clavo de la final

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Se vivió una fiesta que la quisieron comparar con una final, cuando EMELEC es el único que le ha dado la vuelta en la cara de Barcelona. Cara y cruz en el Astillero. Esa tusa es eterna.
La hinchada de Barcelona armó la fiesta y EMELEC la festejó. Dos equipos y una pasión que ayer desbordó en Ecuador.

Desde temprano, el ambiente fue tenso en Guayaquil. En las panaderías y tiendas, no se hablaba de otra cosa que no fuera el Clásico.

Y es que estaba en juego el título para Barcelona o un respiro más para Emelec. Al final el que festejó fue el segundo.

La hinchada siempre acompaña al equipo

Los amarillos se frotaban las manos ansiosos por obtener la ansiada estrella 15; mientras que los azules solo pensaban en una victoria que lavase su orgullo y les permita llegar a la final. Y la puerta está abierta. Cábalas, sonrisas, puños cerrados, hubo de todo. No faltaron las ventanas adornadas con banderas, ni los hinchas que aprovecharon que era domingo y acudieron a misa vistiendo la camiseta de su equipo, para pedir a una fuerza superior, conceda a los jugadores ese poquito de energía extra que los ayude a sacar el resultado.

Al final EMELEC celebró, dejando un sabor amargo a la afición amarilla.

De la alegría al llanto en el Monumental

Fue la noche más triste del año. La salida de la hinchada barcelonista del Monumental, silenciosa, entre murmullos de reproche y evidente enojo, así lo reflejaron.

Lo que empezó siendo una fiesta, con un estadio abarrotado de hinchas, banderas en las casas y un ambiente de fútbol propicio para una final, se convirtió en una película de terror.

Y es que ayer Guayaquil respiró fútbol. Hinchas canarios de todas partes del país no escatimaron 8 o 10 horas de viaje, o dormir en las afueras del estadio, para ser los primeros y formar filas extensas desde el mediodía en que abrieron las puertas del ‘Coloso del Salado’.

Una victoria diferente

El sol intenso, el tumulto y el comercio fueron los protagonistas de una tarde donde los canarios olían a campeón, a falta de una jornada, pero al final no festejaron.

Alrededor de las 15:30 el aforo del estadio Monumental estaba lleno casi en su totalidad copado. Las localidades de general (sur y norte) fueron las primeras en poblarse, mientras que tribuna y palco se llenaron de a poco, aunque hubo quejas de que muchos se quedaron afuera con tique en mano.

El calentamiento de los jugadores en la cancha principal, previo al inicio del cotejo, fue una fiesta. Los hinchas corearon al unísono el apellido de cada jugador cuando fue anunciada la alineación.

No menos emocionante fue la interpretación de la cantante ucraniana Luchiana Hackman cuando entonó el himno del club y lo terminó con un agudo que hizo erizar la piel a más de uno.

Todo pintaba para una fiesta gloriosa: fuegos artificiales, escenario copado y una hinchada más barcelonista que nunca… pero se quedó en eso, en una intención. El equipo sigue puntero, pero la afición deberá esperar.

La fiesta eléctrica tuvo tintes de violencia

Su voz no se escuchó en el estadio Monumental, pero retumbó más allá. Volver a ganarle a Barcelona en su estadio y – aguarles” la fiesta fue ayer el mejor bálsamo para la hinchada emelecista.

Si bien la institución no aceptó el aforo que les fue destinado para el Clásico, ellos tuvieron una fiesta aparte y empezó desde el mismo momento en que los jugadores salieron de la concentración, aunque con incidentes de violencia que opacaron la celebración final.

Alrededor de 300 hinchas hicieron una vigilia singular en los exteriores del polideportivo de Los Samanes, haciendo que los conductores que pasaban junto a ellos tomen 2 opciones: pitar en respaldo al equipo o ser apedreados por decenas de supuestos aficionados.

En una actitud, que para vecinos y transeúntes resultó – inexplicable”, los aficionados emelecistas tergiversaron el propósito de la convocatoria y durante horas amedrentaron y agredieron a todo aquel que no les mostrara respaldo.

Una joven, que se identificó como Grace Salazar, fue una de las afectadas. Ella iba dentro de un colectivo con dirección a su hogar, cuando fue alcanzada por una roca lanzada desde el grupo de aficionados.

“Nosotros estábamos en el carro, cuando nos cayó la piedra… todo pasó en frente de los policías, yo no sé para qué están aquí”, expresó Byron, joven que acompañaba a Salazar en el colectivo.

Más de una docena de uniformados intentó controlar a los hinchas, pero no fue posible y varios carros pagaron las consecuencias, abandonando el lugar con vidrios rotos y daños en la pintura.

Los ánimos se calmaron después de que se abrieron las puertas del complejo, permitiendo el acceso de la hinchada que despidió con cánticos a sus héroes.

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